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BAD BUNNY 2051: EL FENÓMENO QUE EL TIEMPO JUZGARÁ POR SU APORTACION A LA MÚSICA

Foto del escritor: Raymond Stewart
Raymond Stewart
29 ago
4 min de lectura

Cuando dentro de 25 años volvamos la mirada hacia esta época y alguien pregunte cuál fue el impacto de Bad Bunny, Benito Martínez Ocasio, el boricua que conquistó a Puerto Rico y al mundo, quizás entonces podamos hacer un juicio mucho más justo sobre lo que significó su paso por la música y por nuestra cultura. Hoy resulta difícil hacerlo, las redes sociales se han convertido en una especie de arena donde la admiración, la crítica, la pasión y hasta la envidia corren como fuego. Políticos, artistas, comentaristas, analistas y ciudadanos comunes opinan sobre el fenómeno Bad Bunny. Unos lo defienden, otros lo cuestionan y otros simplemente no entienden cómo aquel muchacho que comenzó haciendo sus “maldades musicales” terminó convirtiéndose en uno de los artistas puertorriqueños de mayor impacto internacional.

 

Pero el tiempo tiene una característica extraordinaria: pone las cosas en perspectiva. Dentro de 25 años, probablemente muchas de estas discusiones habrán desaparecido. Los comentarios de las redes sociales serán parte de un pasado casi olvidado. Las controversias de hoy tendrán mucho menos importancia. Entonces quedará lo esencial el impacto.

 

Cuando se estudie este período de la música, a lo mejor no se hablará solamente de Bad Bunny como cantante. Se hablará de un proyecto artístico y empresarial extraordinariamente bien estructurado, acompañado por un equipo que entendió el mercado, la comunicación, la imagen, la producción, la tecnología y, sobre todo, la manera de convertir a un artista en un fenómeno mundial.

 

El “Conejo Malo” fue una marca

 

Tenis, sudaderas, camisas, gorras, muñecos, llaveros y todo un universo alrededor de su imagen. Cada detalle tuvo un propósito, cada producción, cada escenario, cada aparición y cada colaboración fueron piezas de un enorme rompecabezas y eso funcionó.

 

Los ojos del mundo terminaron puestos sobre un puertorriqueño. Como historiador, me interesa observar precisamente esa dimensión: cómo un artista puede impactar casi todo lo que toca.

Bad Bunny no solamente exportó canciones, exportó imágenes, palabras, símbolos y elementos de nuestra identidad.

 

Llevó consigo el coquí, Llevó la plena, Llevó la bomba, Llevó al jíbaro. Llevó la salsa, Llevó nuestra forma de hablar, de vestir, de celebrar y hasta de protestar. Lo hizo desde su propio lenguaje. Su música ha recorrido diferentes terrenos: lo patriótico, lo romántico, lo social, lo irreverente y también lo sexual, algunas veces “bien duro, hasta abajo”. Esa diversidad forma parte precisamente del fenómeno que representa.

 

Uno puede amar su música, detestarla o simplemente no escucharla. Pero negar su impacto sería intentar borrar una realidad histórica. La residencia en Puerto Rico fue otro capítulo extraordinario. Una producción que se convirtió en punto de encuentro para artistas de distintas generaciones y géneros. Algunos llegaron, otros no llegaron; algunos participaron, otros decidieron mantenerse al margen. Pero todos, de una manera u otra, terminaron formando parte de la conversación. Y ahí está otra de las grandes características de Benito: entendió que Puerto Rico tenía que estar presente. No necesariamente el Puerto Rico de las postales, el Puerto Rico real.


El Puerto Rico que ríe, baila, protesta, sufre, trabaja, inventa, sobrevive y se levanta todos los días. Ese Puerto Rico que enfrenta problemas económicos, sociales, políticos y energéticos. Ese país donde levantarse cada mañana puede convertirse en un reto, pero donde todavía existe un profundo sentido de pertenencia.

 

Benito ha utilizado su plataforma para recordarnos, a su manera, que aquí está pasando algo.Que hay cosas que no están bien, el Puerto Rico tiene heridas abiertas, pero también que Puerto Rico tiene una identidad extraordinariamente poderosa.  Quizás esa sea una de las mayores aportaciones del fenómeno Bad Bunny: haber colocado elementos de nuestra cultura en lugares donde jamás imaginamos verlos.

 

El mundo comenzó a reconocer palabras, sonidos, símbolos y costumbres que para nosotros eran parte de la vida cotidiana. Lo que para un puertorriqueño podía ser simplemente un coquí, una plena, una camisa, una frase o una referencia de barrio, para millones de personas alrededor del mundo comenzó a convertirse en una puerta de entrada hacia Puerto Rico, eso tiene un valor histórico, porque la cultura no siempre se exporta desde las universidades, los museos o los libros, a veces viaja escondida dentro de una canción, a veces aparece en una gorra, en un escenario, en una palabra.

 

Por eso, cuando dentro de 25 años los historiadores estudien esta época, quizás la pregunta no sea si Bad Bunny fue bueno o malo, la pregunta será: ¿Qué cambió después de Bad Bunny? Eso será lo verdaderamente interesante, porque los artistas pasan, pero algunos dejan huellas, hay artistas que dejan canciones, otros dejan modas, otros dejan dinero, pocos dejan un fenómeno cultural.

 

Quizás Bad Bunny sea estudiado precisamente desde esa perspectiva. No se trata de convertirlo en héroe ni en villano. Tampoco de justificar cada una de sus expresiones o decisiones. Se trata de observarlo con la distancia que solamente puede ofrecer el tiempo. Porque la historia no se escribe con “likes”, la historia no se decide en Instagram, la historia tampoco se construye con el comentario más agresivo de una red social.

 

La historia se escribe cuando pasan los años y todavía queda algo que estudiar, y por ahora, nos guste o no, Bad Bunny dejó algo que estudiar. Benito nos recuerda que Puerto Rico sigue siendo una patria pequeña en territorio, pero gigantesca cuando alguno de sus hijos logra llevarla consigo por el mundo, Puerto Rico está ahí.  Detrás del personaje, detrás del artista y detrás del “Conejo Malo”, hay un muchacho nacido en Puerto Rico que logró que millones de personas, en diferentes rincones del planeta, escucharan hablar de nuestra isla.

 

Dentro de 25 años veremos con mayor claridad lo que hoy todavía estamos viviendo. Quizás entonces podamos contestar la pregunta. Mientras tanto, el fenómeno continúa. Bad Bunny sigue haciendo historia. Y nosotros, sin darnos cuenta, estamos viviendo el momento que algún día otros estudiarán.


 
 
 

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