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CONFUNDIDO SER VISTO CON SER VALORADO CUANDO LA HERRAMIENTA DOMINA AL SER HUMANO

Foto del escritor: Raymond Stewart
Raymond Stewart
5 sept
4 min de lectura

Hemos llegado a una época en la que mucha gente confunde ser visto con ser valorado, contar con tener intimidad y tener seguidores con tener compañía. Hay una paradoja en estos tiempos donde todo se ve y se escucha en las redes sociales, mientras más personas tenemos alrededor en las redes, más personas pueden sentirse emocionalmente desconectadas. 

 

La APA (Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association en inglés) encontró en su encuesta Stress in América 2025 que 54% de los adultos reportó sentirse aislado al menos algunas veces, y 69% dijo haber necesitado más apoyo emocional del que recibió durante el último año. 

 

 ¿EN QUIÉN SE PUEDE CONFIAR CUANDO TODO SE PUBLICA?

 

Vivimos en un tiempo extraño, antes, una persona podía tener una conversación, cometer un error, vivir una decepción, enamorarse, llorar o simplemente guardar un secreto… y aquello podía quedarse entre dos personas.

 

Hoy parece que nada puede quedarse quieto, una fotografía se convierte en noticia,

conversación se convierte en contenido, ese problema familiar termina en las redes, la separación se anuncia públicamente.

 

Una desgracia se convierte en espectáculo, hasta aquello que alguna vez fue íntimo termina sirviendo para conseguir un minuto de atención.

 

Hemos creado una sociedad donde la privacidad parece haberse convertido en una especie en peligro de extinción. Lo más preocupante no es solamente que la gente cuente demasiado, es que muchas veces otros toman lo que se contó, le agregan lo que nunca ocurrió, le quitan lo que realmente ocurrió y terminan fabricando una historia diferente. Entonces aparece una pregunta inevitable:

 

¿En quién podemos confiar?

 

Porque ya no solamente debemos cuidarnos de quien nos hace daño, También tenemos que cuidarnos de quien convierte nuestra confianza en contenido.

 

El ser humano necesita hablar, necesita compañía, necesita sentirse escuchado. Pero también necesita silencio. Necesita espacios donde no tenga que demostrar nada.Y ahí está, quizás, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: hemos aprendido a mostrar nuestra vida, pero estamos olvidando cómo vivirla sin mostrarla.

 

La búsqueda permanente de aprobación puede terminar convirtiendo la existencia en una especie de escenario.

“¿Cuántos me vieron?”

 

“¿Cuántos reaccionaron?”

 

“¿Qué dijeron de mí?”

 

“¿Por qué aquel tiene más seguidores?”

 

“¿Por qué no comentaron mi publicación?”

 

Mientras la persona busca respuestas afuera, poco a poco puede quedarse sin respuestas adentro. No significa que las redes sociales sean malas. Son una herramienta extraordinaria para comunicarnos, informarnos y mantener vínculos. El problema comienza cuando la herramienta termina manejando al ser humano.

 

La propia evidencia científica viene señalando que la conexión humana real es fundamental para el bienestar, mientras que la soledad y el aislamiento tienen consecuencias importantes para la salud.

 

Necesitamos recuperar algo que no se puede comprar, descargar ni conseguir con un “like”:se llama el balance, balance para saber cuándo hablar y cuándo callar, para saber qué merece publicarse y qué merece quedarse en casa, balance para distinguir entre una amistad y una audiencia. Hay que entender que no todo el mundo que te sigue te conoce.

 Y, sobre todo, balance para aprender a estar solos sin sentirnos abandonados la tranquilidad emocional no significa vivir sin problemas, significa tener dentro de uno mismo suficiente estabilidad para que cada problema no se convierta en una tormenta.

Y aquí está mi mayor preocupación:

 

¿Cuántas personas realmente están buscando ese balance?

 

No existe una cifra científica que permita decir cuántos seres humanos han encontrado “el equilibrio emocional”. Sería irresponsable inventarla. Pero los datos disponibles sí muestran que la desconexión emocional y la necesidad de apoyo son problemas enormes.


APA encontró que aproximadamente la mitad de los adultos encuestados reportó aislamiento, sentirse excluido o falta de compañía con cierta frecuencia.

 

Eso debería hacernos pensar a todos, porque quizás la verdadera riqueza del futuro no será tener más seguidores, será tener tres o cuatro personas a las que puedas llamar a las tres de la mañana y saber que no van a convertir tu problema en una publicación.

 

“Hasta muchos ya dudan de su sombra.”

Porque cuando cae el sol, la sombra camina contigo. Pero la sombra no siempre representa quién eres.

 

A veces solamente representa la posición desde donde te está mirando la luz.

 

Y esa es una gran lección para estos tiempos:

no todo lo que parece acompañarte está contigo; no todo el que te aplaude te quiere; no todo el que te critica te conoce; y no todo el que conoce tu historia merece conocer tu intimidad.

 

Por eso, en esta época donde todo el mundo quiere saberlo todo de todo el mundo, quizás la verdadera rebeldía sea recuperar el derecho a decir: “Esto es mío. Esto no lo público. Esto no lo explico. Esto no lo negocio. Esto lo vivo.”

Porque al final de la vida no vamos a recordar cuántos “likes” tuvimos. Vamos a recordar quién estuvo, te escucho y te respeto.

 

Tener una vida que todavía te pertenezca, y 

hay algo especialmente importante en todo esto, la privacidad no es aislamiento. El equilibrio saludable está en mantener vínculos reales, pero también poner límites. Incluso las recomendaciones de salud pública sobre redes sociales incluyen proteger lo que se comparte, establecer límites entre vida digital y vida presencial y priorizar las relaciones cara a cara. 

 

 
 
 

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