¿DÓNDE SE NOS PERDIÓ PUERTO RICO?


Muchos han escrito sobre Puerto Rico.
Poetas, novelistas, cuentistas, ensayistas, periodistas, historiadores… y hasta aquellos que nunca han escrito una sola línea, pero tienen una opinión para todo.
Esto no es exactamente una historia de políticos, tampoco es de deportistas, ni de músicos, esta es la historia tuya y mía, del que habla de valores, pero no sabe dónde están los suyos, el que exige justicia cuando el problema le toca a otro, pero pide consideración cuando el problema es suyo, del político que promete el cielo y termina vendiendo hasta las nubes y las estrellas.
Del trabajador que se levanta de madrugada, trabaja todo el día y llega a su casa cansado, con la calculadora en la mano, tratando de descubrir cómo carajo va a pagar la hipoteca, la luz, el agua, el colegio, las medicinas y la compra. Esta es la historia de una isla que lo tiene casi todo… y que, sin embargo, siente que cada día tiene menos.
Tenemos playas, montañas, talento en deportes, artistas. médicos. Maestros, trabajadores, es gente brillante, gente buena, es gente que todavía cree.
Tenemos una cultura que ha sobrevivido terremotos, huracanes, crisis económicas, gobiernos, partidos y hasta nosotros mismos. Y aun así llevamos demasiado tiempo haciéndonos una pregunta que nadie quiere contestar:
¿DÓNDE NOS PERDIMOS?
Porque cuando señalamos a todos los demás, casi siempre se nos olvida mirar hacia nosotros mismos, ahí comienza el problema, Puerto Rico no se perdió de golpe,
nos fuimos perdiendo poquito a poquito…Un día dejamos pasar una cosa.
después otra, y después otra más. Hasta que lo inaceptable comenzó a parecernos normal.
Aceptamos la corrupción porque “eso siempre ha sido así”.
Aceptamos la deuda porque “algún día se resolvería, aceptamos la violencia porque “eso pasa en todos lados”, aceptamos que se vaya la luz, aceptamos que falte el agua, aceptamos esperar meses por una cita médica, aceptamos que nuestros jóvenes se marchen, aceptamos que trabajar ya no sea suficiente para vivir dignamente.
PUERTO RICO SE FUE PERDIENDO EN LA CONVERSACIÓN
No fue solamente en La Fortaleza, no fue solamente en el Capitolio, no fue solamente
en Washington, Puerto Rico también se fue perdiendo en nuestras propias conversaciones.
En el balcón, en el colmado, en la barbería, en la fila del supermercado, en la oficina pública,
en el tribunal, en la escuela, en la iglesia, en la casa, en la calle.
Nos pasamos años discutiendo quién tenía la razón, mientras otros hacían el negocio, nosotros gritábamos, ellos firmaban, nosotros discutíamos, ellos cobraban, nosotros votábamos, ellos negociaban, nosotros nos dividíamos y alguien hacía billetes.
Así, poquito a poquito, fuimos entregando pedazos de lo que éramos, lo peor es que muchas veces ni siquiera nos dimos cuenta o quizás sí, quizás lo sabíamos, pero preferimos mirar hacia otro lado, porque era más cómodo y fácil.
Porque mientras el problema no tocara nuestra puerta, que se joda el vecino.
Hasta que un día… tocaron la nuestra y entonces preguntamos:
¿Pero qué pasó?
Pues pasó Puerto Rico, pasamos nosotros, pasaron nuestros gobiernos, pasaron nuestras decisiones, pasaron nuestras indiferencias, pasaron nuestros silencios, pasaron nuestras contradicciones, y aquí estamos todavía preguntándonos:
¿DÓNDE CARAJO NOS PERDIMOS?
No sé si al final de esta historia encontraremos una sola respuesta.
Quizás no existe, quizás fueron muchas, quizás fueron décadas de decisiones equivocadas,
quizás fueron intereses, quizás fue corrupción, quizás fue comodidad, quizás fuimos nosotros mismos. Porque para saber dónde se perdió Puerto Rico…primero debemos tener el valor de preguntarnos dónde nos perdimos nosotros.




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