HIRAM BITHORN ASESINADO EN CIUDAD MANTE EN 1951

Actualizado: 21 ago
Roberto Guzmán Quintero, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, Le envió al ECO envió su publicación el reportaje de investigación sobre el homicidio del beisbolista Hiram Bithorn, el primer beisbolista de Puerto Rico que jugó en equipos de Grandes Ligas, perpetrado a manos de un policía uniformado de Ciudad Mante detenido por supuesta infracción de Tránsito.

Hiram Bithorn
Esta es una primicia para El Eco, porque también se enviará a otros medios, tanto locales como de Puerto Rico y Cuba (quizá un resumen para el Chicago Tribune). En nuestra edición del 29 de diciembre de 1951 publicamos ese suceso.
Por Roberto Guzmán Quintero*
Ciudad Mante posee innumerables historias que bien llenarían un libro; pero en esta ocasión, nos vamos a dedicar a escribir sobre el más grande beisbolista que dio Puerto Rico a las Ligas Mayores de beisbol de los Estados Unidos, cuya vida terminó de manera trágica en nuestra región.
LOS ANTECEDENTES
Nos referimos a Hiram Bithorn, quien nació en 1916 en San Juan, Puerto Rico, descendiente de una familia holandesa y española; por lo tanto, sus facciones eran las de un europeo.
Debutó en las Grandes Ligas con el Chicago Cubs en 1942 como lanzador, siendo el primer jugador de ese país en ser admitido en el circuito, en plena época de discriminación racial, estando excluidos todos los grandes peloteros de color que había en Puerto Rico, en la Republica Dominicana y en Cuba y en el propio Estados Unidos.
Su récord fue impresionante, especialmente por 7 blanqueadas, récord que estuvo vigente por muchos años. Victorias obtuvo 18-4, ponches 85, juegos completos 19, salidas 39. La efectividad fue de 2.60.
Sin embargo, al intervenir aquel país en la Segunda Guerra Mundial, se incorporó como otros 71 peloteros de su nivel, a la Armada, de 1944 a 1945.
Cuando se incorporó al beisbol profesional, su efectividad ya no fue la misma por problemas en su brazo lanzador; sin embargo, siguió con las medias blancas de Chicago en 1947, año de su retiro, pero continuó en el ambiente como ampayer.
CIRCUNSTANCIAS QUE LO LLEVARON A VIAJAR
Bithorn vivía en Chicago, casado con Virgina Artford, con quien procreó un hijo que tenía apenas unos meses, del mismo nombre; su madre de nombre María y hermana, María Angélica, vivían en la ciudad de México. Esta quería que su hermano apadrinara a su hijo de nombre David Hiram Aréchiga Bithorn, lo cual aceptó.
Para ello decidió viajar desde aquella ciudad hasta la capital de México en su automóvil, a lo que se opuso su esposa por lo largo del viaje, los peligros que conlleva el hacerlo solo y por ser invierno. Le propuso pasar el fin de año en Puerto Rico y visitar a familiares y amigos; sin embargo, Hiram se impuso y abordó su Buick para emprender el recorrido a fines de diciembre de 1951, prácticamente de frontera a frontera… 2,200 Km, más el recorrido por la carretera 85.
PARADA TRAGICA EN CD. MANTE
Pernoctó en Ciudad Mante, para proseguir al día siguiente; era el 29 de diciembre de 1951, cuando a eso de las dos de la tarde al circular en su auto por la avenida Juárez, que es la prolongación de la Carretera 85, el policía Ambrosio Castillo Cano lo detuvo para exigirle se identificara y mostrase los documentos, dado el tipo de vehículo que era vistoso y la apariencia del conductor. No hay testigos de las circunstancias particulares del diálogo que sostuvieron, pero se presume fue agreste y que el policía intentó extorsionarlo; éste no tenía autoridad para interceptarlo por el carácter preventivo de la función policiaca municipal, a lo cual se resistió el portorriqueño. La consecuencia fue que el policía Castillo le disparó con una pistola calibre .45, casi en la esquina de Av. Juárez y Zaragoza, frente al lugar en donde se encuentra ahora el banco Banorte.
Las pocas referencias que se tienen están en la nota periodística que apareció en la edición del mismo día, en El Eco de El Mante, cabeceado así: “Misterioso portorriqueño fue herido mortalmente por un policía en la avenida Juárez”.
El contenido de la nota posee varias imprecisiones, provenientes de la declaración del mismo policía, como única fuente: que el herido era sospechoso, que carecía de documentos, que dijo que era comunista, que estaba drogado y otro sinfín de afirmaciones que, a la luz de la lógica, resultaban absurdos, porque Hiram iba de paso y no es creíble que careciera de documentos, por venir de un país en donde los ciudadanos cumplen estrictamente con las disposiciones legales.
El policía afirmó también que el viajero lo agredió empujándolo al suelo, por lo que hizo uso de su arma. Lo creíble es que éste se defendiera ante un presumible intento de extorsión o del robo de sus pertenencias, y dada su corpulencia ( más de 120 Kg de peso), el policía se atemorizó; aun así, de ninguna manera se justificó el uso de una arma, porque no había indicios de que el simple rechazo pusiera en peligro su vida : se trató de un uso excesivo de autoridad .
TESTIMONIO DE QUIEN VIO CAER A BITHORN
Quien esto escribe era un alumno de la Primaria “Juan B. Tijerina” , de vacaciones y visitando a los hermanos Suárez-Barrón, cuyos padres tenían la tienda “La sultana del Norte” , misma avenida casi esquina con Galeana ; ya iba de regreso para comer en el restaurante de mis padres “La gardenia” , sobre la avenida Guerrero, a media cuadra de la plaza de armas, cuando escuché una detonación y gente que salía de los negocios a ver lo que pasaba, así como transeúntes que rodeaban a un hombre caído .
Para cualquier niño es impresionante ver a una persona herida; en este caso, se trataba de un hombre de aspecto extranjero, que sangraba del estómago manchando una blanquísima camisa, sin posibilidad de incorporarse. Sus ojos, muy abiertos, miraban a su alrededor con angustia, sufriendo la sorpresa de encontrarse herido y tirado en la banqueta. Se trató de una imagen de pocos segundos que quedó registrada por siempre, conjeturando sobre los motivos y consecuencias de ese incidente.
Surgieron, como era de esperarse, varias versiones, conjeturas y especulaciones. Como suele suceder, a falta de información, algunas personas dan rienda suelta a su imaginación, como sucedió alrededor de este suceso.
La verdad aflora tarde o temprano, siempre y cuando exista un genuino interés en conocerla.
Información recabada recientemente, casi completa el cuadro vivido esa tarde de diciembre, en vísperas de recibir al año 1952. Frente al escenario del atentado, se encontraba el consultorio y farmacia del doctor Virgilio Hinojosa, uno de los primeros médicos en llegar a Ciudad Mante, como también fue el caso del doctor José López Salgado, muy estimado y respetado. A ese médico le correspondió atender al herido para proporcionarle los primeros auxilios.
Según la nota de “El eco de El Mante” el herido fue llevado al hospital de la Cooperativa Ingenio Mante, el único en la zona por la época, lo cual es creíble, por estar dotado de mejores recursos que un consultorio. Este hospital daba servicio a los socios de la cooperativa y atendía eventualmente a personas ajenas.
Existe otra versión todavía no corroborada, de que el doctor Hinojosa decidió llevar de inmediato en su auto al herido a Ciudad Victoria, en busca de mejores elementos quirúrgicos, acción de alto riesgo por el sangrado que sufría el extranjero y la distancia cuyo recorrido era de aproximadamente hora y media.
EL FIN DEL BEISBOLISTA Y SU DESTINO FINAL
Lo que, si es una certeza, es que en aquella ciudad capital falleció el herido Hiram Bithorn el mismo día. Lo atendieron los doctores José M. Tirado y Margarito Sánchez González, quienes le practicaron la autopsia.
Otro aspecto no aclarado es sobre el por qué no se tomaron los datos del herido, para identificarlo y dar parte a sus familiares, quienes empezaron a echarlo de menos al no reportarse. La esposa escuchó en la radio de Chicago que Bithorn había sido asesinado, por lo que llamó al rotativo Chicago Tribune, donde le confirmaron la noticia.Entonces comienza la odisea de recobrar el cadáver de Bithorn, que había sido enterrado en una fosa común en Ciudad Victoria. El embajador de Estados Unidos en México, William O´Dwyer, a requerimiento del gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín y la alcaldesa de San Juan, Felisa Rincón de Gautier, intervinieron con el gobierno mexicano.
Después de penosos trámites, el 12 de enero de 1952, por la noche, arribó el cadáver a Puerto Rico. Fue trasladado a la funeraria Buxeda. Al siguiente día, fue puesto en capilla ardiente en el vestíbulo del Estadio Sixto Escobar, escenario de sus actuaciones con los Senadores de San Juan, donde cerca de 5,000 personas le rindieron el tributo final. Por la tarde, a las 4:00 pm, fue llevado a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Santurce y luego recibió cristiana sepultura en el cementerio Buxeda, de Isla Verde.
Como tributo permanente al orgullo de Puerto Rico, el estadio más importante de beisbol ubicado en San Juan lleva su nombre, inaugurado en 1962.El policía asesino, el cabo Castillo Cano, fue hallado culpable de asesinato y sentenciado a ocho años de cárcel. Se ignora si cumplió la condena.
Los mantenses, tamaulipecos y mexicanos, pedimos perdón a los descendientes y familiares de Hiram Bithorn … también a los amigos aficionados portorriqueños…
Este próximo diciembre 2026 se cumplirán 75 años de aquel suceso trágico.
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*Es presidente del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía en el sur de Tamaulipas, con sede en Tampico: guzmanasa@hotmail.com
Roberto Guzmán Quintero es un destacado historiador, escritor y promotor cultural mexicano, ampliamente reconocido por su labor de investigación sobre la historia regional del noreste de México, particularmente vinculada al estado de Tamaulipas y la Huasteca Potosina.
Respecto a su relación con la institución que mencionas, es importante hacer una precisión: no es el presidente nacional de todo el organismo (cuya sede central está en la Ciudad de México), sino que se ha desempeñado como presidente y corresponsal de la Corresponsalía de Tampico del Seminario de Cultura Mexicana. El Seminario de Cultura Mexicana funciona a través de estas corresponsalías locales para descentralizar y difundir el conocimiento en diferentes estados
A esta historia le hemos querido añadirle algunos detalles, por ejemplo, sobre las Ciudad Mante se localiza en la región sur del estado de Tamaulipas, en la zona noreste de la República Mexicana. Es la cabecera del municipio de El Mante y se ubica geográficamente en una zona de transición conocida como la Huasteca Tamaulipeca, caracterizada por su gran actividad agrícola (principalmente la producción de caña de azúcar). Para ubicarla con mayor precisión, se encuentra a una altitud de aproximadamente 80 metros sobre el nivel del mar y está rodeada por importantes destinos regionales.
Como era Ciudad Mante para 1951
En 1951, Ciudad Mante vivía una de las épocas más prósperas y dinámicas de su historia, consolidándose como el "motor dulce" de Tamaulipas. Tras haber dejado atrás su antigua denominación de Villa Juárez en 1937, el inicio de la década de 1950 representó la consolidación de la ciudad como un polo de atracción económica y migratoria.
Así se configuraba la vida, la infraestructura y el entorno de El Mante en aquel año:
La economía de la ciudad giraba con fuerza desbordante alrededor de la industria azucarera.
El Ingenio Central Mante, era una de las plantas procesadoras de azúcar más modernas e importantes de toda América Latina. En 1951, operaba a su máxima capacidad tras haber sido cooperativizado años antes, inyectando una enorme riqueza económica a la región.
La bonanza de la zafra atrajo a miles de jornaleros, técnicos y familias enteras de estados vecinos (como San Luis Potosí, Veracruz y Guanajuato), disparando el crecimiento demográfico de la urbe.
Vida Urbana y Sociedad en 1951
Bajo la administración municipal de Patricio Reyna, la fisonomía de la ciudad se estaba transformando de un entorno rural a uno marcadamente urbano: Contaba con su icónica fuente antigua al centro, rodeada de frondosos árboles que daban sombra a las caminatas vespertinas. Era el punto de reunión social obligado, donde las familias paseaban y los jóvenes daban "la vuelta" los fines de semana. La principal arteria comercial albergaba tiendas de ropa, boticas, ferreterías y los primeros cines locales, que se abarrotaban durante los días de pago del ingenio.
Los automóviles de la época comenzaban a poblar las calles pavimentadas del centro.
Se mezclaban las antiguas construcciones de madera y lámina con nuevos edificios de concreto de estilo art déco y moderno, reflejo del dinero que circulaba en la zona.
Para 1951, Ciudad Mante ya gozaba de una posición estratégica envidiable gracias a la construcción de la Carretera Nacional (hoy Carretera Federal 85). Esto facilitaba el traslado constante de mercancías y pasajeros hacia Ciudad Victoria y los puertos de Tampico y el norte del país, rompiendo con el aislamiento geográfico que padeció a inicios de siglo.
¿Qué paso el cabo que le quito la vida a Hiram Bithorn?
El cabo de la policía mexicana, Ambrosio Castillo Cano, sí cumplió su condena de prisión por el asesinato del icónico pelotero puertorriqueño Hiram Bithorn.
A pesar del paso de las décadas y del misterio que siempre rodeó el trágico evento en El Mante, Tamaulipas, los registros de la época confirman el destino del oficial. Tras desacreditarse las primeras versiones mentirosas de Castillo Cano (quien alegó falsamente que Bithorn había actuado de forma violenta y que formaba parte de una supuesta célula comunista), el sistema de justicia mexicano determinó que la agresión fue injustificada.
El cargo final por el que se le procesó fue modificado a "homicidio simple" debido a tecnicismos del código penal de la época en esa jurisdicción.
Fue recluido en una prisión del estado de Tamaulipas. La indignación internacional y la presión del Departamento de Estado de los Estados Unidos (ya que Bithorn era ciudadano estadounidense y ex militar de la Segunda Guerra Mundial) obligaron a las autoridades mexicanas a mantener al oficial tras las rejas durante los ocho años de su condena. Una vez que extinguió su sentencia a finales de la década de 1950, Castillo Cano quedó en libertad, perdiéndose su rastro en los archivos públicos del país. Para el pueblo de Puerto Rico, los ocho años asignados siempre fueron catalogados como una condena sumamente irrisoria e injusta ante la pérdida del primer boricua en jugar en las Grandes Ligas.




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