La antigua Correccional de Menores

Una historia mucho más profunda, su estructura está localizada en el barrio Guanajibo de Cabo Rojo, en una zona que incluso históricamente ha estado vinculada territorialmente con el área limítrofe de Mayagüez. Documentos del Senado de Puerto Rico identifican expresamente los terrenos y edificios como los de la antigua Cárcel Correccional de Menores del barrio Guanajibo, Cabo Rojo.

El edificio principal fue construido en 1908, por el arquitecto José Sabas Honoré (1874–1951). Se construyo como un esfuerzo para separar a la población juvenil de las cárceles de adultos.
La fachada tenía una entrada principal con arco de medio punto, elementos de almohadillado, cornisa y parapeto. Las ventanas originales eran de madera, de doble hoja y con paneles. Es decir, no era simplemente una estructura carcelaria funcional: tenía elementos arquitectónicos de principios del siglo XX que hoy poseen valor histórico.
Con el paso de las décadas, la institución tuvo diferentes denominaciones. En documentos y registros aparece relacionada con nombres como: Cárcel Correccional de Menores, Escuela Industrial para Varones, Correccional, Centro de Detención y Centro de Tratamiento Social (CTS).
Hubo una evolución institucional para sus últimos años funcionaba como institución juvenil para jóvenes transgresores. Esto es importante porque ayuda a entender que el lugar fue cambiando conforme cambiaban las políticas de tratamiento de menores en Puerto Rico: de un modelo más cercano al concepto tradicional de reclusión y disciplina, hacia modelos de custodia, educación, rehabilitación y tratamiento social.
En los terrenos existió una residencia de honor para menores que habían demostrado buena conducta. La estructura y señala que estaba ubicada dentro de los terrenos de la antigua escuela industrial para varones.

La capilla tenía un altar, balaustrada, ventanas, arcos, un óculo y un campanario.
El campanario conservaba elementos arquitectónicos como arcos de medio punto, molduras, cornisas, ménsulas y una pequeña cúpula coronada por una cruz.
El antiguo complejo tenía una dimensión que iba más allá de la custodia: había espacios destinados a disciplina, educación, convivencia, reconocimiento por buena conducta y práctica religiosa.
¿Qué pasó con la institución?

Para comienzos del siglo XXI, la institución dejó de operar, el Departamento de la Familia había cerrado la institución destinada a menores problemáticos y que ya existían gestiones para recuperar los terrenos y edificios.
La antigua Institución Correccional de Menores de Cabo Rojo (también conocida como Escuela Industrial o Centro de Tratamiento Social) cesó oficialmente sus operaciones y cerró de forma definitiva en el año 2003. Aunque la orden y los planes de cierre comenzaron a estructurarse formalmente desde 1997 bajo la administración del entonces gobernador Pedro Rosselló, el traslado final de los menores y la clausura total de las instalaciones se completaron a principios de la década de los 2000.
En 2004 aparece una medida legislativa que contemplaba asignar $2 millones al Municipio de Cabo Rojo para adquirir y rehabilitar la antigua cárcel correccional de menores del barrio Guanajibo y convertirla en un centro turístico y cultural.
Después, en 2009, otra resolución buscaba transferir los terrenos y edificios al Municipio de Cabo Rojo por un precio nominal de un dólar. Sin embargo, surgieron problemas relacionados con la identificación correcta del titular de la propiedad.
En 2014 el Senado todavía estaba trabajando para corregir precisamente ese problema de titularidad y hacer posible la transferencia de los terrenos y edificios al municipio.
Es decir, hubo varios intentos gubernamentales de rescatar el lugar, pero la transformación en un centro turístico-cultural no se materializó. El edifico cayo en el abandono.
Estamos hablando de un lugar construido en 1908, que atravesó diferentes etapas de la historia social de Puerto Rico y que fue utilizado durante décadas para atender a jóvenes bajo custodia del Estado. Sus paredes fueron testigos de otra época de Puerto Rico.
Allí hubo menores, custodios, maestros, administradores, trabajadores, posiblemente familiares que llegaban a visitar a sus hijos, jóvenes que estudiaron, otros que cumplieron medidas de custodia y algunos que fueron reconocidos por su comportamiento hasta llegar a ocupar la llamada residencia de honor.
Para los años 1999–2001, la Administración de Instituciones Juveniles todavía identificaba a Cabo Rojo dentro de su estructura como Escuela Industrial en Cabo Rojo. Para principios del siglo XXI el lenguaje oficial había cambiado, la Administración de Instituciones Juveniles tenía como misión los servicios de tratamiento y rehabilitación a menores transgresores. Es decir, el concepto institucional había evolucionado, el muchacho ya no debía ser visto exclusivamente como un preso, sino como un menor sujeto a un proceso de: custodia + educación + capacitación + tratamiento + rehabilitación.
¿Qué había dentro?
El complejo no estaba compuesto únicamente por el edificio principal.
Las colecciones históricas identifican otras estructuras dentro de los terrenos.
No todos los jóvenes estaban necesariamente bajo las mismas condiciones.
Había una estructura destinada a quienes alcanzaban determinados niveles de conducta.
¿Quiénes eran los jóvenes?
Los documentos oficiales hablan de "menores transgresores". La población albergaba a varones menores de 16 años procedentes de todos los pueblos de la isla. Los jóvenes ingresaban mediante órdenes de las Cortes Juveniles o la Corte Federal, con la meta de ser rehabilitados y liberados al cumplir los 21 años. La Administración de Instituciones Juveniles tenía precisamente un programa denominado: Servicios de Tratamiento y Rehabilitación a Menores Transgresores. Eran menores sujetos a procesos de justicia juvenil y medidas de custodia o tratamiento. La naturaleza de esos casos seguramente cambió enormemente entre 1908 y finales del siglo XX.
El enfoque educativo, más que un centro penal tradicional, operaba bajo un modelo de granja-escuela. A los internos se les brindaba educación académica formal, instrucción agrícola y preparación industrial en talleres de zapatería, carpintería y sastrería. La institución llegó a ser muy famosa en la década de 1920 por la Banda de la Correccional, una agrupación musical compuesta por los propios alumnos que viajaba por todo Puerto Rico ofreciendo retretas y conciertos públicos
Después de más de nueve décadas de historia, aquellas paredes quedaron como testigos silenciosos de una época en la que Puerto Rico intentó enfrentar uno de sus grandes desafíos sociales: dar una oportunidad de rehabilitación a jóvenes que, por diferentes circunstancias, habían entrado en conflicto con la sociedad.
Desde 1908, la institución formó parte de la historia social de Mayagüez y del país. Por sus instalaciones pasaron generaciones de jóvenes, educadores, custodios y funcionarios que, de una manera u otra, fueron parte de aquel esfuerzo por corregir conductas, ofrecer disciplina y, sobre todo, buscar un camino diferente para quienes todavía tenían toda una vida por delante.
Con el paso de los años cambiaron las leyes, las instituciones, las ideas sobre la rehabilitación juvenil y también las necesidades de la sociedad. Finalmente, en el siglo XXI, sus puertas se cerraron.
Pero cerrar una puerta no significa borrar una historia. Hoy, sus estructuras deterioradas nos recuerdan que detrás de aquellos muros hubo nombres, rostros, sueños, errores, oportunidades y vidas que intentaron comenzar de nuevo. Lo que queda de aquella correccional no debería verse únicamente como unas ruinas, sino como parte de la memoria histórica de Mayagüez.
Porque las paredes pueden desaparecer, pero la historia de quienes estuvieron allí permanece. Y mientras exista alguien dispuesto a recordarla, aquella antigua Correccional seguirá hablando.




Comentarios