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ANCONES MI BARRIO

Foto del escritor: Raymond Stewart
Raymond Stewart
2 oct
37 min de lectura

Actualizado: 17 oct



        La más completa historia de un barrio histórico



La cuesta de la portada no es la Cuesta Vieja, es la Calle Esperanza esa de la foto es la que te llevaba hacia el sector el rabo del buey, la Cuesta Vieja es la que te lleva hacía en ruta al municipio de lajas.


Introducción

Contar la historia del barrio Ancones de San Germán es preservar la memoria de una comunidad que, con el paso de los años, ha dejado una huella profunda en la historia de nuestro pueblo. Este relato busca rescatar las vivencias, las costumbres y las experiencias de generaciones de hombres y mujeres que, con su esfuerzo, trabajo y solidaridad, forjaron un barrio lleno de identidad y orgullo.


A través de estas páginas recorreremos los orígenes de Ancones, conoceremos cómo surgió la comunidad y cómo fue creciendo con el paso del tiempo. Recordaremos la vida cotidiana de sus residentes, el desarrollo del comercio local, la fortaleza de su economía basada principalmente en la agricultura, el valor de las familias, las tradiciones, las fiestas, los juegos de los niños y jóvenes, así como el espíritu de unión que siempre caracterizó a sus habitantes.

Ancones fue mucho más que un barrio agrícola. Fue una comunidad laboriosa, solidaria y próspera, donde la tierra ofrecía el sustento de muchas familias y donde el respeto, la amistad y la ayuda mutua formaban parte de la vida diaria. Cada camino, cada finca, cada hogar y cada historia forman parte de un legado que merece ser conocido y transmitido a las nuevas generaciones.


Este trabajo es un homenaje a todos los que nacieron, crecieron o hicieron de Ancones su hogar. Es una invitación a mirar hacia el pasado para comprender el presente y mantener viva la memoria de un barrio que ha sido parte esencial de la historia de San Germán.



Imagen en collage del barrio Ancones de San Germán
Imagen en collage del barrio Ancones de San Germán


Hay lugares que no solo se identifican por su ubicación en un mapa, sino por las historias que guardan sus caminos, sus montañas, sus casas y, sobre todo, por la gente que les dio vida. El barrio Ancones, en San Germán, es uno de esos lugares donde cada rincón conserva recuerdos de trabajo, sacrificio, alegrías y profundas raíces familiares.

Este libro nace del deseo de rescatar y preservar la memoria de un barrio que durante generaciones fue ejemplo de esfuerzo, unión y prosperidad. Ancones no fue simplemente una comunidad rural; fue el hogar de agricultores, comerciantes, artesanos, maestros, deportistas y familias que, con dedicación y honestidad, construyeron una sociedad fuerte y solidaria.


En estas páginas el lector emprenderá un viaje por el tiempo. Descubrirá los orígenes del barrio, cómo se poblaron sus tierras y quiénes fueron sus primeros habitantes. Conocerá la importancia de la agricultura, principal motor de una economía que permitió a muchas familias vivir con dignidad gracias al cultivo de la tierra y al fruto de su trabajo.

También revivirá la vida cotidiana de aquellos años: los juegos de los niños en los caminos y patios, las fiestas patronales y familiares, las parrandas navideñas, las competencias deportivas, los pequeños comercios, la escuela, la iglesia y las costumbres que fortalecieron el sentido de comunidad. Cada capítulo recogerá anécdotas, testimonios y acontecimientos que forman parte del patrimonio histórico de Ancones.

La historia de un pueblo no solo se escribe con grandes acontecimientos. También se construye con los recuerdos de la gente sencilla, con las vivencias de quienes madrugaban para trabajar la tierra, de quienes levantaron sus hogares con esfuerzo, de las madres que sostuvieron a sus familias y de los jóvenes que soñaron con un futuro mejor sin olvidar jamás el lugar donde nacieron.


Este libro es un tributo a todas esas generaciones. Es un acto de gratitud hacia quienes hicieron de Ancones una comunidad ejemplar y un compromiso para que su legado no se pierda con el paso del tiempo. Porque mientras su historia sea contada, Ancones seguirá viviendo en la memoria de su gente y ocupará el lugar que merece dentro de la rica historia de la Ciudad de las Lomas, San Germán.


Que estas páginas sirvan para recordar, aprender y, sobre todo, para sentir el inmenso orgullo de pertenecer a un barrio cuya historia merece ser conocida y transmitida a las generaciones presentes y futuras. Origen del nombre de Ancones

La realidad es que no existe un documento histórico conocido que explique de manera definitiva el origen del nombre "Ancones" para el barrio de San Germán. Sin embargo, sí hay una explicación lingüística e histórica muy sólida.

La palabra ancón es un vocablo antiguo del español que significa:

Una ensenada o recodo en la costa o en un río.

Una curva pronunciada del terreno.


También se usaba para describir un lugar protegido entre lomas o montañas.

En Puerto Rico, el término fue muy común durante la época española. De hecho, existen otros lugares llamados Ancones, como en Arroyo, y documentos históricos mencionan que había numerosos "ancones" utilizados como pasos o cruces naturales de ríos.


En el caso del barrio Ancones de San Germán, la teoría más aceptada es que el nombre surgió por su geografía. El barrio está rodeado de lomas, quebradas y terrenos ondulados, con varios recodos naturales, por lo que es muy probable que los primeros pobladores lo identificaran como "los ancones", es decir, el lugar de los recodos o curvas del terreno.


Además, el barrio aparece con ese nombre desde por lo menos mediados del siglo XIX en la organización territorial de San Germán, lo que demuestra que el topónimo es muy antiguo. "Aunque no existe un documento que explique con certeza el origen del nombre Ancones, todo apunta a que proviene del antiguo vocablo español 'ancón', utilizado para describir un recodo del terreno, una ensenada o un lugar protegido entre lomas. Debido a la topografía del barrio, es muy probable que los primeros habitantes adoptaran ese nombre para identificar esta zona de San Germán. El nombre ya aparece en documentos del siglo XIX, por lo que forma parte de la historia más antigua del municipio."

Aunque hice una investigación rigurosa, con la evidencia disponible todavía no he encontrado un documento del siglo XVII o del XVIII que mencione expresamente el barrio "Ancones" por ese nombre. Sin embargo, sí existen varias pistas históricas muy importantes:


En 1573, cuando San Germán se establece definitivamente en las Lomas de Santa Marta, varios documentos históricos indican que la villa quedó entre el río Guanajibo y el cerro Ancones. Esto significa que el accidente geográfico llamado Ancones ya era conocido desde el siglo XVI, aunque todavía no necesariamente existía el barrio como división administrativa.


Durante los siglos XVII y XVIII, las descripciones de San Germán hablan de las tierras al sur del pueblo, pero las fuentes que he encontrado no enumeran los barrios rurales por nombre.

La primera evidencia clara que he localizado donde Ancones aparece como barrio corresponde al siglo XIX. Diversos documentos históricos señalan que hacia mediados de ese siglo San Germán ya estaba organizado en barrios, entre ellos Ancones.


En documento de los siglos XVII o XVIII no encontré que mencioné específicamente el barrio Ancones. Eso no significa que no exista; lo más probable es que para esa época el área se identificara como parte de las tierras o hatos de la jurisdicción de la Villa de San Germán y no como un barrio con ese nombre.


Además, existe un índice elaborado por el historiador Walter Cardona que facilita localizar expedientes judiciales de San Germán entre 1812 y 1849, una fuente muy útil para rastrear menciones tempranas de vecinos o propiedades en Ancones.


Encontré un documento oficial que indica que a mediados del siglo XIX Ancones ya figuraba como uno de los barrios de San Germán, junto con Arenal, Caín, Duey, Guamá, Guanajibo y otros.

En el escrito histórico que hace Walter Cardona sobre ese periodo histórico, menciona Ancones, por ejemplo, 1815 que cita a un "vecino del barrio Ancones",

Quiere decir que el bario ya existía.

 

Cómo "nacían" los barrios en esa época

 

En los siglos XVIII y XIX, los barrios rurales de Puerto Rico no se fundaban mediante un acto oficial con un acta de nacimiento detallada. Surgían de manera orgánica a medida que las familias se asentaban en una zona agrícola, comenzaban a cultivar la tierra y el resto del pueblo empezaba a identificar ese sector por un nombre geográfico o por el apellido de un hacendado. Posteriormente, el gobierno municipal simplemente los reconocía como divisiones territoriales para organizar la recolección de impuestos (como el subsidio agrícola) o para asignar un "comisario de barrio".

 

 

Hasta el momento no existe evidencia de que el nombre "Ancones" aparezca en documentos conocidos de 1573, del siglo XVI o del siglo XVII. El hecho de que la villa de San Germán se estableciera en 1573 entre el río Guanajibo y el cerro Ancones no significa que el barrio ya existiera con ese nombre; esa referencia proviene de estudios históricos modernos que describen la geografía del lugar. El área donde hoy se encuentra el barrio Ancones formaba parte del entorno rural inmediato de la nueva villa. Historiadores modernos describen la ubicación de la villa "entre el río Guanajibo y el cerro Ancones".

 

Las tierras al sur de la villa, donde posteriormente se desarrollaría el barrio Ancones, permanecían dedicadas principalmente a la ganadería y la agricultura. Es probable que el sector existiera como paraje, estancia o hacienda antes de ser reconocido oficialmente como barrio, pero hace falta revisar protocolos notariales, padrones y expedientes originales.


Para 1782 Fray Iñigo Abbad y Lasierra describe ampliamente el municipio de San Germán, pero no enumera los barrios con el detalle que aparecerá en el siglo XIX. Mediados del siglo XIX (antes de 1850), aparece una primera evidencia documentada de que el barrio Ancones existía.


Ancones aparece oficialmente como uno de los barrios del municipio de San Germán junto a Arenal, Caín Alto, Caín Bajo, Duey, Guamá, Guanajibo, Palmarejo, Sabana Grande, etc. 


En 1867 el censo español registra la organización territorial del municipio, dentro de la cual Ancones ya figuraba como barrio reconocido. En 1881 el Anuario del Comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración incluye a Ancones como barrio de San Germán, evidencia de su reconocimiento administrativo en el último cuarto del siglo XIX. 

1898 tras el cambio de soberanía de Puerto Rico, Ancones continúa siendo barrio oficial del municipio de San Germán. Entre 1899-1900 en ese primer censo bajo el gobierno de Estados Unidos registra conjuntamente los barrios Ancones y Sabana Eneas con una población de 1,132 habitantes, confirmando la continuidad histórica.


Geografía


Ancones es uno de los 19 barrios en la actualidad (2026) que forman el municipio de San German, en el censo del 2010 tenía una población de 1,386 habitantes y una densidad poblacional de 363,79 personas por km². Ancones se encuentra ubicado en las coordenadas 18°4′14″N 67°2′49″O. Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, Ancones tiene una superficie total de 3.81 km², que corresponden a tierra firme.2


Demografía

De los 1386 habitantes, Ancones estaba compuesto por el 88.6% blancos, el 4.18% eran afroamericanos, el 0.14% eran amerindios, el 0.07% eran asiáticos, el 5.34% eran de otras razas y el 1.66% pertenecían a dos o más razas. Del total de la población el 99.57% eran hispanos o latinos de cualquier raza.



Ancones colinda barrio pueblo, Maresua y Retiro


Mapa de San German

El barrio Ancones es uno de los barrios históricos del municipio de San Germán y forma parte de la identidad rural de la llamada Ciudad de las Lomas. Desde el siglo XIX aparece mencionado en la organización territorial del municipio y ha estado vinculado al desarrollo agrícola y al crecimiento de San Germán. 

En el aspecto histórico, Ancones fue una zona donde nacían manantiales que abastecieron de agua a San Germán durante el siglo XIX. Además, cerca del barrio se encuentra la cueva Maresúa, un recurso natural de importancia para el municipio. 


Figuras destacadas de Ancones


Jorge Alberto Ramos Comas
Jorge Alberto Ramos Comas

Jorge Alberto Ramos Comas –(1946-200), obtuvo licenciatura en Ciencias Sociales en 1968, fue representante de 1972-76, alcalde de San Germán de 1981-1996, formó parte de la Junta de directores de la Asociación de alcaldes de Puerto Rico en 1984 y senador de 1997-2000.


Ángel René "Yino" Antongiorgi Quiñones
Ángel René "Yino" Antongiorgi Quiñones

ingeniero civil, líder cívico y servidor público. Nació en el barrio Ancones el 20 de octubre de 1921 y realizó importantes aportaciones al desarrollo de San Germán y Puerto Rico. Fue ingeniero civil, legislador municipal y director de Obras Públicas de San Germán. Participó en proyectos como: La urbanización El Retiro, el primer centro comercial de San Germán, el Hotel Parador Villa Parguera, obras deportivas y comunitarias. En su honor, la Ley Núm. 109 de 2020 dio su nombre a un tramo de la carretera PR-122 en San Germán.


Otras figuras que son del barrio Monseñor Ramon Emilio Albino Guzman el Dr. Gary Morales Rodríguez destacado profesor, un clarinetista, escritor y catedrático en la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán. Nilda Celia Baez fue directora regional de Departamento de Educación, asambleísta y presidenta del Partido Nuevo Progresista en San Germán , Sor Germana y y Chriscelia Rios de Vazquez, excomisionada de la Liga Atlética Interuniversitaria y primera mujer en dirigir la liga, fue colaboradora de Luis F. Sambolin, primer comisionado formal en esta institución.

 Dr. Gary Morales Rodríguez
 Dr. Gary Morales Rodríguez

Monseñor Ramon Emilio Albino Guzman
Monseñor Ramon Emilio Albino Guzman

Nilda Celia Baez
Nilda Celia Baez

Barrio Ancones de San Germán: historia y patrimonio

El barrio Ancones es uno de los sectores históricos más importantes de San Germán. Su cercanía al casco urbano hizo que desde la época española fuera una zona agrícola, residencial y de paso obligado hacia Lajas y otros pueblos del suroeste. Aparece mencionado entre los barrios históricos de San Germán desde el siglo XIX.


Entre las familias con mayor arraigo sobresalen: Antongiorgi, vinculada a la agricultura, el comercio y la vida pública. Quiñones, apellido tradicional de la región con destacados hacendados, profesionales y servidores públicos.

También hubo familias como los Vélez, Faría, Pagán y otras que participaron en el desarrollo económico del antiguo municipio de San Germán.


Durante los siglos XVIII y XIX predominaban: Haciendas azucareras, fincas cafetaleras en las zonas altas, ganadería, cultivos menores como plátanos, frutos menores y tabaco. La economía del barrio giraba alrededor del trabajo agrícola, utilizando carretas de bueyes para transportar las cosechas hacia San Germán y el puerto de Guánica.


Caminos y carreteras


Uno de los lugares más conocidos es la Cuesta del Viento, que conectaba con la hoy conocida Cuesta Vieja antiguo camino que conectaba San Germán con Lajas. Era una subida muy empinada que comenzaba cerca de la calle Luna y ascendía por el cerro Ancones.

En el siglo XIX, el empresario Pascual Antongiorgi construyó un puente sobre la quebrada Manzanares para facilitar el tránsito y proteger sus propiedades, una obra importante para el desarrollo urbano de San Germán.

Educación


Las primeras escuelas rurales funcionaban en pequeños edificios de madera. Muchos estudiantes caminaban largas distancias para asistir a clases en Ancones o en el casco urbano de San Germán. Desde principios del siglo XIX ya existían escuelas en los barrios del municipio.

La estación del tren ubico en nuestro barrio Ancones


La estación de pasajeros del tren en San Germán su estructura se encuentra  en la Calle Ferrocarril, localizada en la periferia sur del área urbana, cerca del empinado Barrio Ancones y conectada a la ruta principal del American Railroad Co. que iba hacia Ponce y San Juan. La misma ubicaba en la Calle Ferrocarril, cerca de la PR-320 y contiguo al Barrio Ancones. Su estructura un edificio de unos 17 por 8 metros y 5 metros de altura. Contaba con salas de espera, zona de boletos y baños. 

La edificación de ladrillo que se conoce hoy reemplazó a una estructura previa de madera tras el huracán San Felipe que fue devastador entro a Puerto Rico el 13 de septiembre de 1928, la destruyo siendo reconstruida alrededor de 1938. El servicio de pasajeros cesó en 1953 y el cierre total de las operaciones de carga ocurrió en 1957 por la competencia de los automóviles y guaguas. 

 

Vida comunitaria

La vida en Ancones se caracterizaba por la ayuda entre vecinos, se hacían las novenas y actividades religiosas, al fallecer alguien en el barrio se velaban en las casas. Los Juegos en el barrio a mediados de los 60 y 70 eran jugar pelota en el barrio o baloncesto, algunos jóvenes tenían caballos, había fiestas familiares, en época navideña en el barrio se vendía pasteles y en ocasiones se intercambiaban platos típicos entre vecinos. Durante las Fiestas Patronales, en ocasiones nuestros padres nos acompañaban primero a la misa en la Iglesia San German de Auxerre si era sábado o en la semana los muchachos iban en ocasiones en grupos.


Menores en el Callejón Simpson 1966
Menores en el Callejón Simpson 1966

En ocasiones los colmados del barrio servían como punto de encuentro, como el colmado de don Leo o el de Porfirio, eran casi contiguos, habían alrededor de 8 colmados.



Naturaleza

Ancones posee áreas de gran valor natural, entre ellas la cueva Maresúa, una formación geológica importante del municipio. Además, conserva colinas desde las cuales se observa buena parte del valle de San Germán. El barrio Ancones conserva muchas historias transmitidas oralmente, pero hay que distinguir entre las que están documentadas y las que pertenecen al folclore. En mi búsqueda no encontré una leyenda exclusiva y documentada del "Jacho de Ancones", pero sí hallé evidencia de que esa historia se contaba en San Germán y en otros pueblos del oeste, donde era muy conocida.


Cuentos y Leyendas que le contaron a los abuelos y los abuelos lo contaron a sus padres y yo te las cuento

La leyenda del Jacho de Noche


La versión más difundida dice que el Jacho era un hombre que, en un acto de ira o de desafío, quemó un crucifijo o una cruz. Como castigo, quedó condenado a vagar por las noches convertido en una bola de fuego o una figura envuelta en llamas. Solo podría descansar cuando encontrara todas las cenizas de lo que había quemado. Quienes afirmaban verlo decían que se escuchaban lamentos y que aparecía cerca de caminos, puentes y quebradas durante la madrugada.

¿Se decía que aparecía en Ancones?


No encontré documentos que lo sitúen específicamente en Ancones. Sin embargo, por tradición oral, vecinos de San Germán han contado que el Jacho de Noche se veía en lugares oscuros del municipio, especialmente en: Los caminos de Ancones, Cuesta del Viento, Caminos rurales hacia Lajas.

Estas historias pasaban de generación en generación y muchas personas evitaban caminar solas de noche por esos lugares. Se trata de tradición oral, no de hechos históricos comprobados.

Los residentes mayores también hablaban de veían luces misteriosas sobre las lomas, sombras que cruzaban antiguos caminos, relatos de ánimas en los caminos rurales. Muchas de estas narraciones se mezclaron con las leyendas más conocidas de San Germán, una ciudad famosa por su rico folclore.


El Jacho de Noche en Ancones

Los vecinos más viejos contaban que el Jacho* podía verse en los caminos solitarios de Ancones, especialmente antes de que existiera el alumbrado público. Se describía como habían visto una bola de fuego que flotaba entre los árboles, un hombre envuelto en llamas, una luz que se acercaba y luego desaparecía de repente y un lamento que se escuchaba desde lejos.

La tradición decía que no debía seguirse la luz, porque podía hacer que una persona se perdiera entre las lomas o los matorrales. Esta creencia era común en varias zonas rurales del oeste de Puerto Rico.

*(Un jacho era una antorcha rústica hecha de madera resinosa de tabonuco o un mechón con grasa y queroseno, y cuando la gente lo veía en la oscuridad del campo o los montes, aparecía como una luz roja tenue o un resplandor titilante moviéndose a lo lejos entre los árboles o de una montaña a otra.)


Las luces de las lomas


En Ancones también se hablaba de luces misteriosas que aparecían sobre los cerros. Algunas personas creían que eran: almas en pena; entierros de dinero custodiados por espíritus; o simplemente "luces malas", un fenómeno del folclore puertorriqueño. Muchos agricultores evitaban salir solos de madrugada por esa razón.

La cueva de Ancones


Uno de los lugares más misteriosos es la cueva Maresúa, ubicada en el barrio Ancones. Historiadores la identifican como un antiguo refugio indígena. Como ocurre con muchas cuevas de Puerto Rico, la tradición popular dice que allí podían escucharse ruidos extraños y que ocultaba secretos del pasado indígena.

Los caminos encantados


Antes de construirse las carreteras modernas, los caminos de Ancones eran estrechos y oscuros. Los mayores contaban que por las noches podían verse: jinetes sin rostro; sombras cruzando el camino; personas vestidas de blanco que desaparecían al acercarse. Nunca se documentaron como hechos reales, pero forman parte de la memoria oral de la comunidad.


Entierros de dinero

Otra historia muy repetida era la de los entierros. Se decía que durante las guerras y épocas de inestabilidad algunas familias escondían monedas de oro y plata en las fincas. Según la leyenda, una luz aparecía sobre el lugar donde estaba el tesoro, pero quien intentara desenterrarlo sin cumplir ciertos rituales nunca lo encontraba.


Leyendas y Misterios del Barrio Ancones, San Germán


Un capítulo de la tradición oral de la Ciudad de las Lomas

Ancones no es solamente un barrio de San Germán. Es un lugar donde la historia y la tradición oral se han entrelazado durante más de dos siglos. Sus caminos, quebradas y lomas sirvieron de escenario para relatos que aún viven en la memoria de muchos de sus residentes.


Es importante señalar que gran parte de estas historias pertenecen a la tradición oral y no pueden comprobarse históricamente. Sin embargo, forman parte del patrimonio cultural de San Germán.


El Jacho de Noche


De todas las leyendas, ninguna provocaba tanto temor como el Jacho.

Los viejos del barrio contaban que, cuando la noche estaba completamente oscura y el viento soplaba desde las lomas de Ancones, aparecía una luz rojiza moviéndose lentamente entre los árboles, no caminaba, no corría simplemente flotaba. Decían que quien intentara seguir aquella luz terminaba desorientado y regresaba al mismo sitio una y otra vez.

Según la versión más conocida en Puerto Rico, el Jacho era un hombre castigado por haber quemado una cruz o un crucifijo para alumbrarse en medio de la oscuridad. Desde entonces quedó condenado a vagar buscando las cenizas de aquella cruz para alcanzar el descanso eterno.


La Cuesta del Viento


Antes de existir la carretera moderna, la Cuesta del Viento era un camino estrecho y oscuro. Los agricultores evitaban cruzarlo después de las nueve de la noche, se decía que allí podían escucharse pasos detrás del caminante, cadenas arrastrándose, un caballo galopando sin que apareciera ningún jinete, voces que llamaban a las personas por su nombre. Nunca se encontró una explicación definitiva, y esos relatos pasaron de generación en generación.

Las luces de los entierros


Otra creencia muy arraigada afirmaba que en algunas fincas de Ancones había entierros de monedas de oro. Los mayores decían que, cerca de la medianoche, una pequeña llama azul o amarilla aparecía sobre el lugar donde estaba escondido el tesoro. Pero advertían: "Si vas por ambición, nunca lo encontrarás." Historias similares existen en muchas zonas rurales de Puerto Rico. La quebrada que baja desde el monte Ancones inspiró numerosos relatos. Algunas personas aseguraban escuchar llantos en las madrugadas. Otras afirmaban ver figuras vestidas de blanco caminando por la orilla.


Con el tiempo, cuando parte de la quebrada fue cubierta para formar los famosos túneles de San Germán, surgieron nuevas historias de ecos, voces y apariciones bajo la ciudad.

La cueva Maresúa


En Ancones se encuentra la cueva Maresúa, relacionada con antiguos pobladores indígenas. Los vecinos contaban que nadie debía entrar solo de noche porque podían escucharse golpes, silbidos y ruidos extraños provenientes del interior.

Aunque no hay evidencia de fenómenos sobrenaturales, la cueva siempre ha estado rodeada de misterio.


Las brujas


Hasta mediados del siglo XX era común escuchar que algunas mujeres podían convertirse en aves nocturnas.

Muchos ancianos recordaban que, al escuchar un silbido extraño sobre el techo, sus padres colocaban una escoba detrás de la puerta o rezaban el rosario para alejar a las brujas.


El caballo negro


Algunos vecinos hablaban de un caballo completamente negro que aparecía sin jinete en los antiguos caminos del barrio. El animal desaparecía cuando alguien intentaba acercarse. Nunca se pudo comprobar, pero el relato sobrevivió durante décadas.


¿Qué pudo haber detrás de estas historias?


Muchos de estos relatos pudieron originarse por fenómenos naturales: gases de materia orgánica que producen luces fugaces; luciérnagas; reflejos de la luna entre la neblina; el viento entre los árboles; o simplemente el temor de caminar por caminos rurales completamente oscuros.

Pero para quienes crecieron en Ancones hace 70 u 80 años, aquellas historias eran tan reales como las montañas que los rodeaban.


Historias de los entierros en el barrio Ancones


Las historias sobre los llamados "entierros" forman parte del folclore y de la tradición oral del barrio Ancones. Son relatos que pasaron de generación en generación y que muchos vecinos aseguraban haber vivido o presenciado. Las comparto tal como me fueron contadas y como algunas de ellas las viví personalmente, con el propósito de que no desaparezcan con el paso del tiempo.


El entierro que buscó mi abuelo Marcos Lugo


A mediados de la década de 1970, mi abuelo Marcos Lugo Bandas contaba que, durante varias noches, observaba un jacho (una luz misteriosa) descender entre dos montañas. Según la creencia popular, aquella luz le estaba indicando el lugar donde había un entierro: una botijuela llena de monedas de oro españolas.


Movido por aquella experiencia, mi abuelo acudió en dos ocasiones acompañado por otras personas para tratar de encontrar el supuesto tesoro. En una tercera ocasión tuve la oportunidad de acompañarlo, siendo apenas un muchacho.

Al lugar se llegaba por el camino Medina, entrando entre la ferretería de Miguelito Lugo y la propiedad de Anselmo Ramírez. Antes de la ferretería había una grúa utilizada para cargar lo camiones de la caña de azúcar, un punto de referencia muy conocido en aquella época.


Permanecimos aproximadamente una hora buscando el lugar señalado por el jacho, pero no encontramos absolutamente nada.


Los vecinos sostenían una antigua creencia: el entierro solamente podía ser sacado por la persona a quien el jacho se le manifestaba. En este caso, decían que mi abuelo tenía que ir completamente solo para poder encontrarlo.

También se decía que los entierros pertenecían a dos dueños: a la persona favorecida por la aparición del jacho y a "el Malo", como muchos llamaban al diablo en las creencias populares. Otra tradición afirmaba que, si alguien lograba sacar el entierro, debía arrastrarlo y nunca cargarlo sobre los hombros, porque de hacerlo cargaría también con las penas o el espíritu del difunto que había escondido aquel tesoro.


Nunca se encontró ese entierro. Sin embargo, quienes conocieron esta historia siempre aseguraban que aún permanece oculto en algún lugar de aquellas montañas de Ancones.


El entierro de la Casa Amarilla


Otra historia muy conocida ocurrió a mediados de la década de 1960 en la llamada Casa Amarilla, ubicada donde hoy se encuentra la planta de gas en Ancones.


En la parte alta de aquella casa vivía alquilado mi abuelo paterno. En la planta baja residía un hermano de mi abuela paterna.


Este tío de mi padre había sufrido una parálisis mientras trabajaba en las fincas de los Estados Unidos. Como consecuencia, perdió la capacidad de hablar y únicamente podía comunicarse mediante señas.

Sentado diariamente en una banqueta frente a la casa, hacía gestos a mi padre indicándole que en aquel lugar había un entierro, un dinero enterrado bajo tierra.


Con el paso del tiempo comenzó a comentarse en el barrio que los propietarios de la casa habían encontrado y sacado un entierro en ese mismo lugar.


No existen documentos que lo confirmen, pero la historia quedó profundamente arraigada entre los vecinos y continúa siendo parte de la memoria colectiva de Ancones.


Un legado de la tradición oral


Historias como estas forman parte del patrimonio cultural del barrio Ancones. Más allá de que cada persona crea o no en la existencia de los entierros o de los jachos, estos relatos reflejan las creencias, la imaginación y la manera de interpretar los misterios de nuestros antepasados.


Las dejo registradas para que las nuevas generaciones conozcan estas vivencias y para que la memoria de nuestro barrio nunca desaparezca.

 

Caminos y carreteras


Uno de los lugares más conocidos es la Cuesta del Viento, que conectaba con la hoy conocida Cuesta Vieja antiguo camino que conectaba San Germán con Lajas. Era una subida muy empinada que comenzaba cerca de la calle Luna y ascendía por el cerro Ancones.


En el siglo XIX, el empresario Pascual Antongiorgi construyó un puente sobre la quebrada Manzanares para facilitar el tránsito y proteger sus propiedades, una obra importante para el desarrollo urbano de San Germán.


Educación


Las primeras escuelas rurales funcionaban en pequeños edificios de madera. Muchos estudiantes caminaban largas distancias para asistir a clases en Ancones o en el casco urbano de San Germán. Desde principios del siglo XIX ya existían escuelas en los barrios del municipio.


Residencia
Residencia

La estación del tren ubico en nuestro barrio Ancones


La estación de pasajeros del tren en San Germán su estructura se encuentra  en la Calle Ferrocarril, localizada en la periferia sur del área urbana, cerca del empinado Barrio Ancones y conectada a la ruta principal del American Railroad Co. que iba hacia Ponce y San Juan. La misma ubicaba en la Calle Ferrocarril, cerca de la PR-320 y contiguo al Barrio Ancones. Su estructura un edificio de unos 17 por 8 metros y 5 metros de altura. Contaba con salas de espera, zona de boletos y baños. 


La edificación de ladrillo que se conoce hoy reemplazó a una estructura previa de madera tras el huracán San Felipe que fue devastador entro a Puerto Rico el 13 de septiembre de 1928, la destruyo siendo reconstruida alrededor de 1938. El servicio de pasajeros cesó en 1953 y el cierre total de las operaciones de carga ocurrió en 1957 por la competencia de los automóviles y guaguas. 

 

Vida comunitaria


La vida en Ancones se caracterizaba por la ayuda entre vecinos, se hacían las novenas y actividades religiosas, al fallecer alguien en el barrio se velaban en las casas. Los Juegos en el barrio a mediados de los 60 y 70 eran jugar pelota en el barrio o baloncesto, algunos jóvenes tenían caballos, había fiestas familiares, en época navideña en el barrio se vendía pasteles y en ocasiones se intercambiaban platos típicos entre vecinos. Durante las Fiestas Patronales, en ocasiones nuestros padres nos acompañaban primero a la misa en la Iglesia San German de Auxerre si era sábado o en la semana los muchachos iban en ocasiones en grupos.


Niñas del barrio en la Primera Comunión 
Niñas del barrio en la Primera Comunión 

En ocasiones los colmados del barrio servían como punto de encuentro, como el colmado de don Leo o el de Porfirio, eran casi contiguos, habían alrededor de 8 colmados.


Imagen de unos de los últimos colmados que existieron en el barrio Ancones                                                       
Imagen de unos de los últimos colmados que existieron en el barrio Ancones                                                       

Naturaleza


Ancones posee áreas de gran valor natural, entre ellas la cueva Maresúa, una formación geológica importante del municipio. Además, conserva colinas desde las cuales se observa buena parte del valle de San Germán.


Curiosidades


En 1940, parte del territorio de Ancones pasó a integrarse a sectores urbanos de San Germán debido al crecimiento de la ciudad. Según el Censo de 2010, el barrio tenía 1,386 habitantes y una superficie aproximada de 3.8 km².

Hablar del barrio Ancones es recorrer la historia de una comunidad trabajadora, solidaria y llena de personajes que dejaron una huella imborrable. Durante décadas, Ancones fue mucho más que un barrio: fue un lugar donde prácticamente todo lo que una familia necesitaba se encontraba sin salir de la comunidad.

Entre las figuras más recordadas estaba Ramona, una señora conocida porque leía la mano y, según muchos vecinos, podía adivinar el futuro de quienes la visitaban. También permanece en la memoria Alfonso "El Brujo" Lugo, padre de Marcos Lugo, recordado por haber sido uno de los primeros residentes del barrio en contar con servicio de energía eléctrica.


El barrio también tuvo a su propio “abogado”, Eric Francisco Oliveras, conocido cariñosamente como "El Ku", un personaje típico de la comunidad.


Ernesto Roman Collazo el querido “Guayubin”, era un personaje muy querido y emblemático de nuestro barrio sin embargo su punto era caminar todo el pueblo y recorría las calles de la Ciudad de San Germán. Se le recuerda con mucho cariño por su amabilidad, su disposición para ayudar a sus compueblanos y su presencia constante en el pueblo. Su figura forma parte de la historia y la memoria colectiva de los sangermeños.


La actividad comercial era intensa. Existían dos ferreterías, una propiedad de Anselmo Ramírez y otra de Miguelito Lugo. Anselmo también operaba una carnicería, mientras que el primer supermercado de Ancones fue el de Rate Rodríguez en Cuesta Vieja.


Los colmados eran parte esencial de la vida diaria. Entre los más conocidos estaban los de Polo, Camacho, Leo, Casiano, Montes, Pascual y el popular colmado de Chorro Coly. Además, el barrio contaba con la estación de gasolina de Nito Lugo, una planta de gas y dos casas agrícolas que servían a la comunidad.


La educación siempre ocupó un lugar importante gracias a las escuelas Santiago R. Palmer y Amina Tió, mientras que el deporte tuvo su hogar en el Gimnasio Roberto Simpson. Cerca de la antigua estación del tren también existió un arenero muy recordado por los vecinos.


En Ancones funcionaban dos barberías: las de Pedro Tarabilla y Armando Vega. El barrio también contó con dos parteras, cuya labor fue fundamental en una época en la que muchos nacimientos ocurrían en los hogares.

El progreso económico se reflejó con negocios como Lugo Auto Sales, un concesionario de automóviles; la pizzería de Moncho; la fonda de los Morales; un negocio de dulces típicos; y el conocido laundry de doña Luz, ubicado en su residencia de la calle Continuidad Esperanza.


La comunidad también fue cuna de vocaciones religiosas. De Ancones surgió el sacerdote que más tarde sería monseñor, Ramón "Millo" Albino Guzmán, así como la religiosa Aida Ayala, quien ingresó a la vida consagrada como Sor Germana.


Muchos vecinos se ganaban la vida como choferes de carros públicos. Entre ellos se recuerdan a don Pepe, Germán, Pedro Cuesta y Gastón, quienes brindaban un servicio indispensable para la comunidad.


La fe también estuvo presente con la Iglesia Bautista, dirigida por Mr. Harris, mientras que personajes muy queridos como Carmen Dolores, Ernesto Román Collazo "Guayubín" y José Antonio Flores "El Loco" forman parte del folclore y la memoria colectiva del barrio.


Las hermanas Carmen Eblin Vélez y Sonia Vélez se distinguieron por su labor como trabajadoras sociales, ayudando a numerosas familias y organizando a los jóvenes Juventud Acción Católica en la comunidad. El grupo se reunía todos los viernes en la residencia del señor Albino en una marquesina posterior de la residencia a las 7:00pm se dieron a mediados de los 70.


Ancones también fue tierra de artesanos y técnicos. Existieron varias ebanisterías, entre ellas las de Jorge Ortiz, Illa Flores "La Bestia", Jorge Padilla, Man y Armando Santana. Norberto Rodríguez reparaba máquinas de coser; Nelson era reconocido como tapicero de automóviles; Calderón reparaba radiadores; Wito era hojalatero; Alberto Rodríguez trabajaba como sonidista y Alberto Irizarry se destacó como electromecánico.


La industria también tuvo presencia con las fábricas de Luis Velázquez, conocido como "Cayo Serrucho", mientras que el comercio incluía dos bazares, el de Ilia y el de Rate.


La vida recreativa estuvo representada por la Asociación Recreativa de Ancones, impulsada por Johnny "Cara de Truck" y David Ortiz. Además, el barrio contó con una escuela de karate y un profesor que impartía clases de acordeón, fomentando tanto el deporte como la cultura.


Entre los artistas sobresale el músico Mario Colón, otro orgullo de la comunidad. Podemos mencionar al señor Rene Velez líder cooperativista.


Finalmente, una de las anécdotas más interesantes que conserva la tradición oral de Ancones señala que la primera persona que tuvo servicio de energía eléctrica en San Germán fue un vecino de este barrio, un dato que refleja el papel pionero que desempeñó Ancones en la historia de la Ciudad de las Lomas.

Todas estas historias, personajes y establecimientos forman parte del patrimonio histórico y sentimental del barrio Ancones.


Angelino Lugo vecino 
Angelino Lugo vecino 

Son recuerdos que ayudan a comprender cómo era la vida cotidiana de una comunidad que dejó una profunda huella en la historia de San Germán y cuyos habitantes contribuyeron al desarrollo social, económico, religioso, cultural y deportivo del municipio.


Por la evidencia histórica disponible, el barrio Ancones ya existía como una comunidad rural organizada a mediados del siglo XIX, y aparece oficialmente entre los barrios de San Germán en documentos de esa época.

No existe un documento que indique un año exacto de fundación de Ancones. Lo más probable es que el asentamiento surgiera a finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX, cuando numerosas familias comenzaron a establecerse en las afueras del casco urbano de San Germán para dedicarse a la agricultura y la ganadería. Más tarde, el gobierno español reconoció oficialmente a Ancones como uno de los barrios del municipio.

 

Algunos datos importantes son:


Hacia mediados del siglo XIX, Ancones ya figuraba como uno de los barrios de San Germán.

En el censo de 1899, realizado por el gobierno de Estados Unidos tras el cambio de soberanía, Ancones ya aparecía registrado como barrio con población propia.


En el censo de 1950, Ancones tenía 1,107 habitantes, lo que demuestra que ya era una comunidad bien establecida.

Dado tu interés en preservar la historia del barrio, puedo ayudarte a reconstruir una cronología completa de Ancones, desde los primeros pobladores y familias fundadoras hasta las escuelas, comercios, personajes destacados, deportes, tradiciones y curiosidades. Ese trabajo podría convertirse en un valioso capítulo para la historia de tu barrio.

Basándome en la documentación histórica disponible y en la evolución de San Germán, esta es una cronología histórica del barrio Ancones, que puedes ampliar con tus recuerdos y entrevistas a vecinos.

 

Cronología del barrio Ancones, San Germán


Siglos XVI–XVII (1500–1699)

El territorio donde hoy se encuentra Ancones formaba parte de las tierras agrícolas que rodeaban la Villa de San Germán. La zona comenzó a poblarse con pequeñas haciendas dedicadas a la ganadería y la agricultura. 

Finales del siglo XVIII (1770–1800)


Se establecieron más familias agricultoras.

Se cultivaban café, maíz, plátanos, frutos menores y se criaba ganado.


Primeras décadas del siglo XIX (1800–1849) Ancones ya era reconocido como una comunidad rural organizada.

Se desarrollaron caminos que comunicaban el barrio con el casco urbano de San

Germán.


Mediados del siglo XIX (1850–1869)


Ancones aparece oficialmente entre los barrios de San Germán en documentos históricos del gobierno español. 

1899


El primer censo de Estados Unidos registra oficialmente al barrio Ancones con población propia. 


Décadas de 1900–1930


 Ancones, San Germán (1900–1960): una mirada histórica


El barrio Ancones es uno de los barrios tradicionales del municipio de San Germán y forma parte de la historia del desarrollo de la llamada Ciudad de las Lomas. Durante la primera mitad del siglo XX, Ancones evolucionó de una comunidad eminentemente agrícola a un barrio que comenzó a sentir el crecimiento urbano del municipio.


Los primeros años del siglo XX (1900–1920)


Al comenzar el siglo XX, Ancones era un barrio rural compuesto por pequeñas fincas y terrenos dedicados a la agricultura.


Las principales actividades económicas eran: Cultivo de caña de azúcar, café en algunas zonas cercanas, frutos menores como plátanos, guineos, yautía y batata, crianza de ganado, cerdos y aves de corral.

La vida era sencilla, la mayoría de las familias obtenían parte de sus alimentos de sus propias tierras y dependían del trabajo agrícola.


Las familias y la comunidad


Las familias eran numerosas y existía una estrecha relación entre vecinos. Era común que las personas colaboraran en: La construcción de viviendas, la siembra y la cosecha, las celebraciones religiosas, los velorios y actividades comunitarias.


Los caminos eran de tierra y el transporte principal era a caballo, en carretas o caminando.


Educación


Las escuelas rurales fueron fundamentales para el desarrollo del barrio. Muchos estudiantes caminaban varios kilómetros diariamente para asistir a clases y luego ayudaban a sus padres en las labores del campo.


Década de 1930


La Gran Depresión afectó la economía de Puerto Rico y Ancones no fue la excepción. La escasez de empleo y la reducción en la actividad agrícola hicieron más difícil la vida de muchas familias, aunque la solidaridad entre vecinos ayudó a enfrentar esos años difíciles.

 

 Década de 1940

Durante la década de 1940 comenzó una transformación importante. San Germán inició un crecimiento urbano y algunos terrenos de Ancones fueron incorporados a los barrios urbanos del municipio. Los registros del Censo de Estados Unidos indican que entre 1940 y 1950 partes de Ancones pasaron a formar parte de Pueblo Central, Pueblo Occidental y Pueblo Oriental.


El barrio contaba con 1,107 habitantes, reflejando una comunidad consolidada. Se fortalecen la vida comunitaria, las escuelas, el deporte y las actividades religiosas. Muchas familias se establecen permanentemente en el barrio.


Imagen de una Escuela parecida a la que se ubicaba en Cuesta Vieja 1940
Imagen de una Escuela parecida a la que se ubicaba en Cuesta Vieja 1940

La escuela elemental Amina Tió de Malaret en el sector La Variante de San Germán comenzó a dar clases comunitarias a mediados de la década de 1950. Lleva el en honor a la educadora y feminista sangermeña Amina Tió de Malaret, (1865-1939). Dio servicio hasta el 2018 cuando fue cerrada por el Departamento de Educación e y posteriormente rescatada y limpiada por vecinos y la Brigada Solidaria del Oeste.


En la Cuesta del Viento ubicaba la Escuela Santiago R. Palmer dio un gran servicio y sobre todo la calidad de maestros que elevaban a otro nivel el pan de la enseñanza.


Década de 1950


Para el año 1950, el barrio Ancones de San Germán era un barrio eminentemente rural y agrícola, muy distinto al que conocemos hoy. Algunas características de Ancones en esa época eran: La mayoría de las familias vivían de la agricultura, cultivando caña de azúcar, café, frutos menores y criando animales como vacas, cerdos y gallinas, las viviendas eran, en gran parte, de madera con techos de zinc, aunque algunas ya comenzaban a construirse en cemento, los caminos eran mayormente de tierra o piedra, y muchos sectores se comunicaban a caballo o en carretas.


El Censo de 1950 registró 1,107 habitantes en Ancones. En 1940 había contabilizado 1,481 habitantes, una reducción explicada principalmente por los cambios en los límites territoriales del barrio y no necesariamente por una pérdida real de población.


La mayoría de las casas eran de madera con techos de zinc, muchas carreteras seguían siendo de tierra. El agua potable y la electricidad todavía no llegaban de forma uniforme a todos los sectores. Existían pequeños colmados que servían como centros de reunión para la comunidad.


Había muy pocos automóviles; el transporte principal era a pie, a caballo o en vehículos públicos. La vida comunitaria giraba alrededor de la escuela, la iglesia y las actividades familiares. Los sectores como Callejón Simpson, Las Cuatrocientas, Camino Medina y otras comunidades rurales conservaban un fuerte sentido de vecindad, donde era común que los residentes compartieran las labores agrícolas, las fiestas patronales y las tradicionales parrandas.


Vida cotidiana


La vida social giraba alrededor de: Las fiestas patronales de San Germán, parrandas navideñas, juegos de pelota, reuniones familiares y actividades religiosas. Los niños jugaban libremente en los caminos y las fincas, mientras los adultos trabajaban principalmente en la agricultura o viajaban al casco urbano de San Germán para trabajar en el comercio.


Escuela Santiago R. Palmer                                               
Escuela Santiago R. Palmer                                               
Estudiantes de la Amina Tio 
Estudiantes de la Amina Tio 

Final de la década de 1950


Hacia finales de la década comenzaron a verse cambios importantes: El barrio siempre activo con su economía local, llego el mejoramiento de carreteras, mayor acceso a servicios públicos, construcción de nuevas viviendas.  Inicio del desplazamiento de muchos trabajadores hacia empleos industriales y comerciales


Ese proceso marcó la transición de Ancones de un barrio agrícola a una comunidad cada vez más integrada al desarrollo urbano de San Germán.


Décadas de 1960-1990


Entre 1960 y 1990, el barrio Ancones experimentó una de las transformaciones más importantes de su historia. Pasó de ser una comunidad mayormente agrícola a un barrio con mayor desarrollo residencial y mejores servicios, aunque sin perder su identidad de comunidad unida. En 1960, la mayoría de las familias todavía dependían de la agricultura, el trabajo en la industria azucarera y empleos en el casco urbano de San Germán. En esos primeros años de 1960 muchas calles seguían siendo de tierra o con poco pavimento.


Comenzó la expansión del servicio de energía eléctrica y del agua potable a más sectores, se mejoraron carreteras y accesos. Parte del territorio de Ancones fue incorporado al crecimiento urbano de San Germán.


Un recorrido profundo en el barrio Ancones


¡Me crie en el pueblo de San Germán en el Callejón Simpson del Barrio Ancones, no tuve educación de perspectiva de género!  ni siquiera habíamos escuchado en dicho término en los 70 era todo muy simple, las cosas eran como eran. ¡Eras nene o eras nena!  Y los nenes con los nenes y las nenas con las nenas, pero jugábamos todos juntos.

Eso del “bullying” tampoco existía... a Carlitos le decían "gordo" a Juan Luis le apoyaban “flaco” a Ángel Lugo le decían "Negro" a Carlitos el de la cuesta le decían "Jincho”. De mis amistades hoy en día no creo que ninguno haya tenido un trastorno muy grande por ese tema, tal vez con el pasar del tiempo se le soltó un tornillo o una tuerca, pero con el pasar de la vida eso pasa.


En nuestra niñez (1960 y 1970) no había drama, porque las situaciones se cortaban de raíz. Borrón y cuenta nueva. Si te portabas mal te daban un correazo y si te ponías malcriado un tapaboca. Los niños no discutían con sus padres, los padres eran la ley y la autoridad así de sencillo. Los primos eran tus hermanos, y los compañeros de escuela tus primos, los maestros eran modelos; y ¡ay del que les faltara el respeto!  Me enseñaron a saludar, a pedir la bendición, a despedirme, a decir gracias y a pedir permiso. 


Dos hermanitos cerca de una jaula de conejos en el Callejón Simpson en la década de los 60.
Dos hermanitos cerca de una jaula de conejos en el Callejón Simpson en la década de los 60.

Salíamos a jugar a la calle todos juntos, toda una aventura, o jugábamos en el Barro Colorao (Montebello) o nos íbamos a la Pista Heylman del Poly a jugar pelota dura a fines de los 70 los muchachos Fifo, Tony, Tilo, Juan Luis, Noel, Wiche, Moreno, nos juntábamos con los muchachos del Residencial Las Lomas...o nos quedábamos jugando baloncesto en el canasto frente a la casa de Juan Ángel y Porfiria(qepd).


Comíamos lo que nuestras madres cocinaban, ¡PUNTO! Comimos arroz con habichuelas y huevo, carne con papas fritas o amarillos, arroz con salchichas, limber, viandas con bacalao, Payco (helado de una "guagua"), que con su música llamaba a los que estaban cerca para que compraran. Todavía recuerdo la guagua de helados que se fue por un barranco cerca del dealer de Auto "Lugo Auto Sales" el primer dealer estaba en la cuesta.

Hacíamos "mandaos" en el colmado de Leo, de Tito y Porfy y nos jugábamos en la máquina de Flipper. Jugamos a: Simón dice, 123 pescao, la señorita Elena, trompo, Jacks, al esconder, chico paralizado, Peregrina, pelea de gallitos, a brincar cuica, cheky morena y otros. Podíamos caminar de arriba para abajo, o nos montábamos en nuestras bicicletas bueno no todos tenían, pero uno que otro tenía.


No teníamos miedo a nada y respetábamos a nuestros ancianos. Se nos enseñó el respeto por los demás y por la propiedad ajena. Como niño, no se hablaba si un adulto estaba hablando y si por casualidad lo hacías te daban un tapabocas diciéndote: ¡Usted habla cuando las gallinas me’en!  Si alguien tuvo una pelea, fue una pelea de puños. Los niños no teníamos armas cuando crecimos, excepto revólveres de fulminantes para jugar de ¡vaqueros! ¡¡¡Como gozábamos!!!  Cuando se hacía de noche sabíamos que era hora de entrar.  De vez en cuando nos quedábamos afuera para hablar del cuco o historias de miedo debajo del poste.


Nos encantó ir a la escuela porque teníamos amor, cariño y respeto por los maestros y teníamos la dicha de ver a nuestros amigos. iAy del que le faltara el respeto a un maestro! Que bueno aquellos maestros Morales, Vargas, Vazquez, Ocasio, Ramos, Toro Dejardin, Velez, Beba, Rivera, Wito diache que mucho maestro chevere.

No había tecnología disponible, pero con ayuda de los adultos y las enciclopedias resolvíamos o sino a la Biblioteca Raquel Quiñones "punto fijo" ah construíamos carros de madera y patinetas.... 


Nos entreteníamos viendo la programación local de TV. Que mucho me reí con Tio Nobel, Pacheco, Gaby Fofo y Miliky, El Chapulin Colorado, con El Chavo del 8, con Los Picapiedras, El correcaminos, y Cepillin. 


Leíamos las cómicas de Archie, Pequeña Lulú, Batman, Perdidos en el Espacio, Miramos nuestro alrededor, de la boca de nuestros ancianos, Mr. Barea hablamos antes de la misa y las historias del jocoso Pancho Gelpi, escuchábamos historias y consejos porque sabíamos que, si le faltábamos el respeto a algún adulto, nos darían una nalgada, un correazo, con la varita de gandul o guayaba, la chancleta o con la mano, una pela.

Éramos ricos (aún en nuestra pobreza), y no lo sabíamos, tuvimos la mejor niñez y nos damos cuenta ahora, la educación y la corrección que tuvimos jamás se compara con la actual, pero lo de esa época podemos contribuir para que esta sea interesante, porque hay jóvenes que están alineados con tener un mejor país estoy seguro de eso.


El soco de Ancones
El soco de Ancones

Todos lo conocíamos como “El soco” pero su nombre verdadero era Eleuterio se desconoce como llego al barrio, pero su procedencia era del pueblo de San Sebastian, buen tipo respetuoso y hacia varios oficios, lavaba carros, pero era más conocido por el hombre que repartía las fiambreras de la Fonda de los Morales.


Era musico tocaba la marimba en el conjunto musical de Ratito Comas, que era el líder, Comas tocaba el acordeón. En ocasiones me lo encontraba contaba historias con su cigarrillo y las fiambreras que repartía. En una ocasión le conto a los muchachos del barrio que había perdido su brazo trabajando en un molino, el soco le gustaba la bebida. Un detalle que nos brindaron y es que esa foto la tomo Pedro Juan Robles con una cámara de aquella de marca kodak, en el patio de la casa de su abuela, don a Amparo Morales


En el barrio había otro soco llamado Wilson, hermano de Roberto Simpson (tío de Robertito de Simpson) este siempre lo veía sentado debajo del palo de quenepas leyendo novelas bajo la luz de un poste de la luz. Wilson había perdido su brazo trabajando en una panadería.


Los años 70: nuevas oportunidades


Durante la década de 1970 muchas personas comenzaron a trabajar en fábricas hasta algunos habían iniciado en la década del 60, se fortaleció el comercio en Ancones y San Germán. En cuanto la salud el Hospital La Concepcion solidifica su servicio y la Unidad de Salud Pública daba un excelente servicio a la comunidad. La Universidad Interamericana ya en la década pasada atrajo a muchos estudiantes de otros países, los 70 llegaron a estudiar los llamados niuyorrican fue una década de cambios en la sociedad estudiantil.


Emigración

Al mismo tiempo, hubo muchos del barrio como otros sangermeños buscaron nuevas oportunidades en la emigración hacia Estados Unidos, especialmente a Nueva York, Chicago y Florida, buscando mejores oportunidades económicas.


Los años 80: crecimiento residencial


En los años ochenta el barrio experimento nuevas viviendas de cemento, mejoró la infraestructura vial, aumentó el número de vehículos privados, la televisión, el teléfono y otros servicios modernos llegaron a la mayoría de los hogares.

Los niños y jóvenes participaban activamente en: Equipos de béisbol, sóftbol y baloncesto, actividades escolares, Fiestas patronales (Hoy Fiestas de Pueblo) y eventos comunitarios.


Cuesta Vieja a lado derecho quedaba el colmado de polo, vendían limbers
Cuesta Vieja a lado derecho quedaba el colmado de polo, vendían limbers

La vida comunitaria


Una de las mayores fortalezas de Ancones era la unión entre vecinos. Se Compartían alimentos entre familias, Se organizaban los velorios y novenas con apoyo comunitario, se celebraban parrandas en Navidad, los vecinos jugaban dominó y reuniones familiares los fines de semana.

Sectores como Callejón Simpson conservaron un fuerte sentido de pertenencia, donde prácticamente todos los vecinos se conocían.


Educación


Las escuelas del área continuaron siendo el principal centro educativo para los niños del barrio. Muchas familias daban gran importancia a que sus hijos terminaran la escuela superior y continuaran estudios universitarios.


Economía


Entre 1960 y 1990 la economía cambió considerablemente: Disminuyó el trabajo agrícola, creció el empleo en comercios, fábricas y el gobierno. Muchas familias dependían también del dinero enviado por parientes que emigraron a Estados Unidos.


Ancones un barrio en transformación


Al finalizar la década de 1990, Ancones ya era un barrio muy diferente al de 1960. Conservaba su ambiente comunitario, pero contaba con mejores carreteras, más viviendas, mayor acceso a servicios y una población con ocupaciones más diversas. Según documentos de planificación municipal, durante la década de 1990 el crecimiento poblacional de Ancones se estabilizó e incluso comenzó una ligera disminución debido a la emigración y a cambios demográficos.


Imagenes del barrio
Imagenes del barrio
Jesus
Jesus

Tata
Tata

El Ku
El Ku

Guayubin y el que escribe
Guayubin y el que escribe

Tomasito
Tomasito
Cuando los niños los bañaban las abuelitas en el fregadero de la casa
Cuando los niños los bañaban las abuelitas en el fregadero de la casa

 El crecimiento urbano de San Germán transforma parte de Ancones.


Surgen nuevos sectores y urbanizaciones cercanas. Entre ellos surgen urbanizaciones y condominios para las personas de la tercera edad. Se construye en los 90 la Avenida Sur que llevas el nombre del exalcalde Jorge Alberto Ramos Comas. Se construye en la Escuela Intermedia Julio Víctor Guzman.



Monseñor Ramon Emilio Albino Guzman


Monseñor Ramón Emilio Albino Guzmán es uno de los sacerdotes más conocidos de la región noroeste de Puerto Rico y ha dedicado gran parte de su ministerio a la ciudad de Aguadilla. Fue ordenado sacerdote el 2 de junio de 1984. En 2026 celebró 42 años de ministerio sacerdotal. Desde octubre de 1991 es párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en Aguadilla, cargo que ha desempeñado por más de tres décadas.


Durante su pastorado impulsó la construcción del nuevo templo parroquial. La primera piedra se colocó en 1995 y la iglesia fue inaugurada en 1997, convirtiéndose en una de las obras religiosas más importantes de esa comunidad.

Ha promovido numerosas tradiciones religiosas, entre ellas las misas de aguinaldo, la celebración del cumpleaños del Niño Jesús, el velorio de Reyes, las fiestas de la Virgen de la Medalla Milagrosa, la Virgen del Carmen y la Virgen de Guadalupe, además de programas de ayuda para familias necesitadas.


Siglo XXI


Ancones conserva su identidad como uno de los barrios tradicionales de San Germán, con una fuerte memoria familiar y comunitaria.

 

Ancones en el 2026: el paso del tiempo


Para el año 2026, el barrio Ancones refleja el inevitable paso del tiempo. La comunidad que durante décadas estuvo llena de niños, jóvenes, agricultores, comerciantes y familias numerosas, hoy es mayormente una población de adultos mayores. El barrio ha envejecido junto a sus habitantes.


Muchos de los jóvenes partieron en busca de nuevas oportunidades, dejando atrás las casas donde crecieron y los caminos que tantas veces recorrieron. Con su partida también comenzó a desaparecer la actividad económica que por tantos años dio vida al barrio.


Los colmados, que fueron el corazón de la comunidad y el punto de encuentro de los vecinos, cerraron sus puertas uno tras otro. También desaparecieron la mayoría de los pequeños negocios y oficios. Aquello que antes se resolvía sin salir del barrio comprar alimentos, reparar un equipo, conseguir una pieza o recibir un servicio dejó de existir. La llegada de los grandes supermercados y las nuevas formas de consumo transformó por completo la economía local. Lo que antes se reparaba, ahora simplemente se reemplaza.


Hoy, Ancones conserva apenas un colmado en el sector La Variante, una pizzería y un pequeño negocio de frituras ubicado en el sector conocido como El Chorro Coly, donde todavía se reúnen algunos vecinos y visitantes. Son los últimos vestigios de aquella intensa vida comercial que una vez distinguió al barrio.

El tiempo cambió a Ancones. Sus calles guardan recuerdos de una comunidad llena de movimiento, mientras sus residentes de mayor edad conservan en la memoria la historia de un barrio próspero, trabajador y unido. Aunque la realidad es distinta, el orgullo de pertenecer a Ancones permanece intacto en el corazón de quienes aún llaman a este lugar su hogar.


Curiosidades en mi barrio


1. Ramona una señora que leía la mano y te adivinaba tu futuro. 

2. Alfonzo “El Brujo” Lugo papa de Marcos Lugo fue el primero que tuvo luz en el barrio.

3. “El abogado del barrio” Eric Francisco Oliveras conocido como “El Ku”.

4.  Teníamos dos ferreterías la de Anselmo Ramírez y la Miguelito Lugo.

5.   Había carnicería la de Anselmo Ramírez.

6.   El primer supermercado fue el de Rate Rodríguez.

7.   Los colmados el de Polo, Camacho, Leo, Casiano, Montes y Pascual y el de Chorro Coly.

8.   Estación de gasolina de Nito Lugo.

9.   Escuelas Santiago R. Palmer y Amina Tío.

10. Gimnasio Roberto Simpson.

11. Un arenero cuando estaba cerca de la estación de tren.

12. En el barrio había dos barberías la de Pedro Tarabilla y Armando Vega.

13. Dos parteras.

14 Un Dealer de carros Lugo Auto Sales.

15. Del barrio salió un cura que luego se convirtió en monseñor Ramón “Millo” Albino Guzmán.

16. Del barrio salió una monja Aida Ayala hoy Sol Germana.

17. Varios choferes de carros públicos don Pepe, Germán, Pedro Cuesta y Gastón.

18. Había un negocio de dulces típicos.

19. Una Iglesia la Bautista la de Mr. Harris

20. Personajes pueblerinos eran de barrio Carmen Dolores y Ernesto Roman Collazo Guayubín.

21. Una planta de gas.

22. Trabajadoras Sociales las hermanas Vélez, Carmen Eblin Vélez y Sonia Vélez.

23. Teníamos dos casas agrícolas.

24. La pizzería de Moncho.

25. El laundry de dona Luz en su casa en la calle continuidad esperanza.

26. Las fábricas de Luis Velázquez Cayo Serrucho.

27. Varias ebanisterías la de Jorge Ortiz, Illa Flores ‘La Bestia’, Jorge Padilla, Man y Armando Santana.

28. Hubo dos bazares el de Ilia y Rate.

29. Escuela de Karate.

30. Un profesor daba clases de acordeón

31. Norberto Rodríguez arreglaba máquinas de coser

32. El tapicero de carros Nelson.

33. Se arreglaban radiadores con Calderón.

34. Wito el hojalatero.

35. Alberto Rodríguez sonidista

36.Asociación Recreativa de Ancones. (Johnny “Cara de Truck” y David Ortiz

37. Mecánicos varios.

38.Quien no conocía a José Antonio Flores “El Loco”.

39. Músico Mario Colón

40. Alberto Irizarry electromecánico

41. La fonda de los Morales

42. La primera persona que tuvo luz en San German fue un vecino de Ancones.

43. Centro de Ancianos.

44. Una Pollera

 


Fuentes de información

Andrés Rivera y Alberto Iirizarry

Enciclopedia PR

Documentos PR

RCM UPR

Wikipedia

B Virtual OGP

La Voz Digital de Puerto Rico

La Otra Cara

Primera Hora

La Otra Cara

Academia Puertorriqueña de la Historia

Recinto de Ciencias Médicas - UPR -

PRCR Repository

Junta de Planificación de Puerto Rico

Archivo Virtual ICP

Historiador Walter Cardona trabajo histórico de (1812-1840)

Jose Velez Dejardin (Historiador)

Bethzaida Gutiérrez (fotos)

Yelito 76

Eblis Velez

Sonia Velez

Jorge Ramos Velez

Documento del gobierno de Puerto Rico


Nota: Este proyecto me impulso a desarrollarlo por unos videos que se en You tuve con el título: "Ancones Baluarte histórico de Puerto Rico".  Imágenes tomadas con una sencilla cámara en aquellos años de los 60,70,80 y 90 familiares, amigos capturaron momentos en el corazón del barrio Ancones, tal vez en la calle Popular, la Azorín, El Rabo del Buey, en Montebello, en Simpson o cuesta vieja. Recuerdos que descansaron en álbumes o tal vez en una cajita discreta, al ver las imágenes me invitaron a realizar este proyecto para futuras generaciones. Gracias a Yeyito.

 

 
 
 

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