EL DIA QUE ROBERTO CLEMENTE SELLO SU DESTINO INSISTIO VIAJAR ESE 31 DE DICIEMBRE


DC-7 de Pan América
Muchos hablan de Roberto Clemente y han conocido de su leyenda en el béisbol de las Grandes Ligas y su trágica muerte al perecer trágicamente en un accidente aéreo para llevar suministros a los ciudadanos de Nicaragua por un terrible terremoto en 1972. Tomado del libro Las Ultimas horas de Roberto Clemente escrito por Yuyo Ruiz, sencillamente Clemente sello su destino. Clemente hacia todo lo posible por mitigar la desgracia de Nicaragua. El mundo entero festejaba las navidades, pero los villancicos se tornaron en canciones fúnebres para muchas familias nicas, describe Yuyo en su libro. Roberto fue al aeropuerto portando ayuda solidaria.
Sigue reseñando Yuyo “En la rampa del aeropuerto Aeropuerto Internacional de Isla Verde (hoy Luis Muñoz Marín) donde para 1998 estaba la terminal internacional nueva, se encontraba un DC-7 de Pan América, que iba a Nicaragua. Un auto del aeropuerto tiraba de un tráiler cargado, pero en lugar de dirigirse al sitio correcto, se confundió y fue hacia el de Arthur Rivera, estacionado en la rampa Este”.
“Cuando llego la carga, el mecánico Rafael Delgado; e explico que ese avión no tenia vuelo. En realidad, no estaba en condiciones para ser alquilado todavía. Roberto Clemente se acercó al avión y se interesó, más bien se enamoró de la nave aérea, al verla tan reluciente y recién pintada”. “Rafael no tuvo otra alternativa que buscar al dueño”.
Arthur conoce a Clemente
“Allí se conocieron Roberto Clemente y Arthur Rivera. El archiconocido astro del béisbol, quien contaba con 38 años, solicito fletar aquel bello pájaro mecánico para llevar ayuda a Nicaragua. Su interlocutor era un hombre blanco, rubio de unos 47 años, que parecía un norteamericano por su físico y que estaba necesitado de poner a volar aquel avión, inactivo desde que lo compro”.
“Negociaron el precio y llegaron a un acuerdo para volar en breve; al día siguiente o sal otro. Roberto le pago, no sé cuánto, pues la viuda de Rivera no quiso ofrecer esa información”.
Seguía reseñando Yuyo, “Fue una jugada muy osada del señor Rivera, pues el sabía que la nave necesitaba alguna prueba primero. Ell sabia que precisaba de una tripulación calificada, la que no tenía, pero si poseía el dinero recibido como pago y las exigencias de Clemente para que cumpliera el acuerdo. De inmediato se dio a la tarea de conformar una tripulación. Clemente, además le había propuesto realizar otros vuelos más adelante”.
“Arthur respiro tranquilo cuando pudo contratar a un ingeniero de vuelo y a un copiloto. Solo quedaba encontrar al piloto. Clemente se unió a Rivera en los preparativos y fue así como ellos conocieron en el mismo aeropuerto, al norteamericano Jerry Hill*, quien estaba en Puerto Rico por casualidad. Viajaba a Suramérica piloteando un viejo carguero C-46 de dos motores, que en ese momento se abastecía de combustible en el Aeropuerto de Isla Verde.’
“Accedió Hill a volar con ellos, tan pronto regresara para el 31 de diciembre de 1972”. “Como acordaron, Hill se puso en contacto con Arthur y Roberto cuando concluyó su misión, pero nuevos inconvenientes aguardaban al patrón. El joven ingeniero de vuelo, que tenía experiencia en DC-7 y el copiloto que iría en aquel viaje, renunciaron, arguyendo que temían algún percance por no estar junto a sus familiares en un día tan especial con ese DESPEDIDA DE AÑO”
“Ya hasta Arthur prefería posponer el viaje, pero Clemente fue intransigente. Le dijo que él iba a cumplir su misión y le recordó que ya le había pagado por ella. Ese fue el tremendo error del genio del béisbol, quien desconocía todo lo relacionado con la técnica de aviación y en particular con la nave que abordaría. Y también el gran error de Rivera aceptar las presiones de Clemente, que incluían amenaza de demanda. Lo hacía por una causa noble y por ello pensaba que el fin justificaba los medios”.
“Entonces vino la terrible decisión de Arthur Rivera: utiliza a un muchacho que le estaba sirviendo de mecánico, Francisco Matías, como ingeniero de vuelo, y él mismo asumir el puesto de copiloto. Sería su última decisión desacertada. Quedaba conformada la especialísima tripulación, o mejor la anti- tripulación,”.
“El único realmente cualificado era el piloto Jerry Hill, y así y todo incumplía las reglas de la FAA, porque hacia más de tres meses que no volaba un DC-7.
Jerry Caroll Hill
*Al momento del accidente tenía 47 años, era veterano militar y padre de seis hijos. Nació en Texas en 1925 y sus restos descansan en un cementerio de Glendale, California. Contaba con una amplia experiencia de más de 12,000 horas de vuelo (3,000 de ellas en aviones de tipo DC-7). Sin embargo, la investigación determinó que desconocía los graves problemas mecánicos previos del avión y el extremo exceso de carga que se le había impuesto a la nave antes de despegar.
De las cinco personas que viajaban en la aeronave, Jerry Hill fue el único cuyo cuerpo pudo ser recuperado por los buzos de la Marina estadounidense días después del siniestro, amarrado todavía a su asiento de piloto. Los restos de Roberto Clemente y de los demás tripulantes nunca fueron encontrados




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